Vas a intentar obviar que tienes problemas y que deseas tener problemas distintos. Imagina que no existe la preocupación que vaya a hacer que pierdas la cabeza. Te planteas que puedes borrar aquéllo que no te gusta y que vas a poder empezar de nuevo. Respira y sonríe, lento. Escucha tu canción favorita, toma tu bebida predilecta, siéntate en el lugar más cómodo y decide.
Si se trata de un error, siempre podrás repetir la misma operación. Si aciertas y no te das cuenta de ello es que has tomado la decisión adecuada; volverás a plantearte mil preguntas y volverás a salir adelante.
Es complicado blindarse ante las preocupaciones y, de entre aquéllas, de las que no lo son tanto pero generan malestar. Arriésgate, ¿no?