No es casual que la protagonista de este artículo sea Marina Azagra. Es reciente la fecha de su aniversario y la celebración de unos dias intensos y vibrantes durante la IX Liga de Debate de la Xarxa Vives, en la Universidad de Barcelona (UB)
Con Marina cobra sentido el concepto de reflejo. ¿Conocéis a alguna persona que sea capaz de reaccionar con humanidad y contundencia al mismo tiempo? Azagra, la tótem de los debates, va un segundo por delante de los acontecimientos. He conocido a muchas personas en situaciones y contextos muy dispares, pero no he podido encontrar a alguien que sea capaz de adaptarse tan rápido a los cambios como ella. Puede convencerte para hacer algo arriesgado con una sonrisa y sabe comprometerse con las causas justas, aunque éstas le puedan acarrear algún problema o enemistad.
Suelo ser bastante pícaro en estos artículos, pero aunque con Marina pase la mayor parte del tiempo entre sonrisas, quiero transcribir aquello que -por frialdad- no soy capaz de decirle.
Hemos pasado unas semanas en las que hemos ejercido de cómplices. Ha sido una especie de relality show dónde, en la práctica, nos hemos comportado como un matrimonio muy bien avenido. Marina, una provocadora, sabe frenar a quién va a pasar del límite; sabe animar a quién se queda rezagado y, ante todo, tiene un sentido del espectáculo bestial.
Una ingeniera que podría ser comunicadora, periodista, gestora social, abogada, camarera, actriz, actriz de pornografía, médico, cantante, bailarina....
Y para los que esperais algo más polémico o con un matiz irónico: hoy no lo vais a leer aquí. Azagra asume riesgos para procurarse diversiones efímeras en grupo. Y con ello no hablo de orgias (no conozco que sea una ilustrada en esos temas). Y esta semana he podido consumar con ella momentos que, espero, tanto ella como yo, vamos a guardar en nuestro recuerdo. Soy consciente de que, además, no sólo nosotros vamos a recordar estas semanas. Amigos, conocidos y conocidos que ya lo eran y que ahora lo son menos también han jugado un papel fundamental en la obra de teatro que representa Marina cada día. Unas escenas costumbristas que te hacen obviar los problemas y que te envuelven como una fina sábana de seda. Si no teneis el placer de conocer a Marina Azagra os animo a ello. Se convierte en imprescindible. Espero que, si no lo habéis hecho ya, la feliciteis como se merece.