martes, 13 de agosto de 2013

Expectativa (s)


Si hay algo común y general en el hombre (y en la mujer) es la generación de expectativas. De forma individua con una expectativa puramente personal; también individual con un ámbito de expansión colectivo - esto es, se quiere llevar a cabo una idea en beneficio o para fastidio de los demás -; o la expectativa colectiva en sentido amplio, esto es, se presume que muchos individuos tienen una expectativa común y pretenden, independientemente de que la hayan generado juntos, trasladar la concepción ideológica en experiencia. 


Por lo tanto, la expectativa puede ser la plasmación en el imaginario personal o colectivo (pero en este caso en cada uno de los sujetos de forma única aunque coincidente con otros) de la realidad supuesta en la práctica de una idea que, en algún momento dado, se pretende ejercer. 

Vamos, algo muy complicado de gestionar. La expectativa no es tal sin la incertidumbre. Ella le da sentido al rodearla de misterio y de duda ante la probable imposibilidad (o la esperanza de que sea posible) de conseguir que la realidad futura sea la misma que la expectativa generada. 

Pero no consigo dar con el proceso de génesis de las expectativas. El motor - racional o no - que las matiza y les da forma. Por ello, creo que las expectativas son generadas por los sentimientos. Me explico: sostengo que todo aquéllo a lo que no encuentro una relación con comportamientos pautados entra en la esfera de los sentimientos. De la subjetividad plena. De las sensaciones y momentos determinados. De lo intransferible aunque influenciable. De ahí, las diversas - sin pretensión de exhaustividad - expectativas y sus formas contradictorias en los ámbitos más representativos de la actuación de la persona. Por ejemplo; 

- En las relaciones personales, sean éstas amorosas, laborales o de amistad. La expectativa toma muchas maneras de presentarse. La expectativa que nace de la bondad y del deseo o aquélla que persigue un fin de destrucción o negligente. 

- La pauta se repite en la esfera pública, la polítca y el mundo de las relaciones de poder. Con más peligro de corrupción y de tomar un matiz negligente aunque haya nacido como una expectativa bondadosa. Pero si antes sostenia que las expectativas provienen de nuestra subjetividad, imaginemos el peligro de una expectativa (y me disculpais la repetición de la palabra) que se cree bondadosa cuando en la realidad - y no en la proyección que el individuo o el colectivo tiene en su imaginario - es una expectativa a denostar. No hay mayor peligro que una pretensión llevada a máximos por alguien que cree que actúa bien cuando es todo lo contrario. Daños causados por quién no cree que los esté haciendo.


En definitiva, no damos la suficiente importancia a todo aquéllo que se convierte en la base de nuestra conducta. Conducta que interacciona con los demás y conforma las relaciones sociales entre individuos que forman una sociedad. Todos jugamos al arriesgado juego del equilibrio de expectativas.