El escritor suele redactar sus
obras en un espacio íntimo. Crea, ayudado por el silencio y la
reflexión. Pero lo hace teniendo como referencia todo aquéllo que le
rodea, sueña, proyecta o imagina. Vaya, que ni el más introspectivo de
los escritores es capaz de emprender la tarea de escribir un libro sin
una experiencia previa.
El líder y el emprendedor, hombre o mujer, es aquél que aprovecha los conocimientos (muchos o pocos) y las experiencias previas. Esa
es la base fundamental. Aunque luego sea decisoria la capacidad de
sintetizar y hacer atractivas unas ideas o conceptos para que los demás
te sigan, entiendan y compartan unos objetivos.
¿Basta
ya no? ¿Quién decide que el liderazgo y "el innovar" sean fórmulas de
éxito indispensables para ser feliz y/o aportar a la sociedad? ¿Es un
líder verdadero aquél que lo ejerce en función de la presión comunitaria
para que lo sea? Nos encontramos ante las expectativas creadas, la idea
del triunfo, de "lo que vale la pena y de lo que no".
A
veces lo ordinario, el equilibro entre lo que piensas y haces, entre lo
que crees y practicas, es el mayor ejercicio de innovación y liderazgo.
Para ello no todos estamos preparados. Es una opción dificil. Renunciar
al reconocimiento, a ser lo que se espera que debes ser.
Innovar
no puede ser un concepto y definición cerrados. La misma raíz del
significado -nuevo- ya nos habla de lo dificil de establecer unas
paredes en la idea de lo innovador. Será la práctica y la consciencia
personal y comunitaria la que juzge una innovación como tal de modo que,
aquéllas que no lo sean no llegarán al lenguaje común como
"innovaciones".
Quizá,
la auténtica innovación, esa que se aleja del mito conceptual y se
acerca a la actitud del hombre, sea poder desempeñar todos tus
conocimientos para que, en único foco, sorprendan al receptor que, con
suerte, pueda llevar a la práctica aquello que el emisor anuncia, crea o
teoriza.
¿Qué hay más original y atractivo que conservar esos dos o tres valores que te identifican como persona o producto? E intentar, además, que la coherencia entre lo aprendido y lo que muestras dote de una originalidad al mensaje que le haga, per se, innovador.
