domingo, 29 de septiembre de 2013

Emprendedores. Concepto y mito.

El escritor suele redactar sus obras en un espacio íntimo. Crea, ayudado por el silencio y la reflexión. Pero lo hace teniendo como referencia todo aquéllo que le rodea, sueña, proyecta o imagina. Vaya, que ni el más introspectivo de los escritores es capaz de emprender la tarea de escribir un libro sin una experiencia previa.

El líder y el emprendedor, hombre o mujer, es aquél que aprovecha los conocimientos (muchos o pocos) y las experiencias previas. Esa es la base fundamental. Aunque luego sea decisoria la capacidad de sintetizar y hacer atractivas unas ideas o conceptos para que los demás te sigan, entiendan y compartan unos objetivos.

¿Basta ya no? ¿Quién decide que el liderazgo y "el innovar" sean fórmulas de éxito indispensables para ser feliz y/o aportar a la sociedad? ¿Es un líder verdadero aquél que lo ejerce en función de la presión comunitaria para que lo sea? Nos encontramos ante las expectativas creadas, la idea del triunfo, de "lo que vale la pena y de lo que no".

A veces lo ordinario, el equilibro entre lo que piensas y haces, entre lo que crees y practicas, es el mayor ejercicio de innovación y liderazgo. Para ello no todos estamos preparados. Es una opción dificil. Renunciar al reconocimiento, a ser lo que se espera que debes ser.

Innovar no puede ser un concepto y definición cerrados. La misma raíz del significado -nuevo- ya nos habla de lo dificil de establecer unas paredes en la idea de lo innovador. Será la práctica y la consciencia personal y comunitaria la que juzge una innovación como tal de modo que, aquéllas que no lo sean no llegarán al lenguaje común como "innovaciones". 

Quizá, la auténtica innovación, esa que se aleja del mito conceptual y se acerca a la actitud del hombre, sea poder desempeñar todos tus conocimientos para que, en único foco, sorprendan al receptor que, con suerte, pueda llevar a la práctica aquello que el emisor anuncia, crea o teoriza.

¿Qué hay más original y atractivo que conservar esos dos o tres valores que te identifican como persona o producto? E intentar, además, que la coherencia entre lo aprendido y lo que muestras dote de una originalidad al mensaje que le haga, per se, innovador.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Evasión

Situad la escena en un restaurante de alta cocina. Un cocinero de fama mundial, un local espectacular con espacios diáfanos hechos para la comodidad de los comensales, un servicio exquisito, cubertería y demás enseres diseñados sólo para ese lugar. La satisfacción del cliente es el único objetivo de los dueños del local y de todo su equipo. En la entrada del recinto, podemos observar los coches de alta gama que llegan con hombres de negocios, chicas y chicos guapos, mafiosos, comerciantes, políticos, inversionistas, comisionistas y turistas. Todos ellos buscan un momento de distracción culinaria; la evasión de sus asuntos más difíciles. Van a darse una tregua de unas horas para sus decisiones más espinosas e importantes. El empresario va a dejar de pensar en la sucursal sita en Marruecos que quiere ampliar cerrando una factoría en Calatayud, los chicos y chicas guapas van a dejar - sólo por un momento - de mirar si tienen los zapatos limpios, los mafiosos van a perdonar alguna vida, los comerciantes obviarán la próxima liquidación del IVA, los políticos podrán ser ellos mismos, sin ataduras, frente a un buen plato de comida. Los inversionistas y los comisionistas dejarán de proyectar urbanizaciones en la costa azul francesa y los turistas dejarán de mendicar ser timados por algún pillo local en las Ramblas. Marc, el camarero más valorado del restaurante dió la orden: - Servid todos los platos sin comida Tras las primeras idas y venidas de los camareros con los platos vacíos el local se convirtió en un murmullo. ¿Quién ha osado ser el perturbador de la relajación ajena? ¿Quién ha permitido que tan ilustres comensales no puedan gozar de una buena mesa? ¿Saldría el amo del local para pedir excusas y dar explicaciones? Nada de ello ocurrió, nadie sirvió ni un triste espárrago a la parrilla. Todos, sentados e inmóviles se vieron obligados a pensar en la fragilidad de su evasión. Los más adelantados pudieron intrpretar que su poder, el Poder, no era más que un conglomerado de acciones encadenadas hacia una satisfacción que, sin momentos de tensión aletargada, se convertía más en una pesadilla que en un recurso.