De pronto nos levantamos con el método que resuelve todas las dudas, los pesares y las cargas que llevamos a cuestas. Nos vamos a dormir para madurar, entre las sábanas y la intimidad, la solución a todos los problemas que crees tener. Pero un recuerdo es capaz de borrarlo todo. Es la lucha entre el debo y el quiero. Entre lo que conviene y lo que deseas.
Y las casualidades, que pocas veces son tal, son en gran parte las responsables de la confusión. De las casualidades parten recuerdos, momentos e incluso instantes que guardas en la memoria y que distorsionan lo que de verdad sucede a tu alrededor. De la reflexión velada nace una escapatoria para no afrontar los acontecimientos tal y como se presentan.
Yo he decidido seguir en el equilibrio del deber y el querer. Un equilibrio que no te garantiza una tranquilidad plácida; pero con él sigues dependiendo de las casualidades. De esos momentos, emocionantes e inesperados, que recuerdas una y otra vez cuando algo va mal.
Pero la elección no es libre. Nunca lo es. Hay algo, y alguien lo sabría explicar, que hace que te decantes por un recuerdo concreto. Quizá me aproxime a saber qué es, pero no quiera pensarlo, no deba.
Mañana seguiré con la lucha entre el debo y el quiero. Hasta que alguna casualidad se cruce por el camino y me haga olvidar lo que ya se ha convertido en un recuerdo. Lo veis, sigo marcado por una casualidad cada vez más lejana.
Un espacio para diversas cosas. Exponer, satisfacer ego, meditar, relatar, contar vivencias, locuras, momentos.
jueves, 22 de abril de 2010
lunes, 12 de abril de 2010
La claridad de la primavera
Giró la cabeza, el balón le daría con tanta fuerza que se quedaría inconsciente, quizá al despertar no recordaría nada de lo que le había pasado en las pasadas semanas. Pero gozó del segundo que el tiempo siempre nos concede antes de que nos ocurra algo importante.
Paseaba, tranquilo, en una avenida jovial pero asentada en una arboleda dispuesta a abrir el pavimento demostrando que la fuerza del impulso es difícil de controlar. De manera paciente observaba todo lo que le rodeaba, con la mirada del que no da más. Los rayos del sol, los de mediados de Abril, los que más calientan al quitar el frío del largo invierno, creaban el ambiente perfecto. Y quiso autoevaluarse. Quiso, digamos, abstraerse de todo aquéllo que había aprendido durante su vida y recorrer, sin prejuicios, los dias que más le atormentaban.
Al fin, el tormento se torno en vitalidad. La claridad de la primavera, la fiesta de la vida ganó la partida. El balón se desvió y chocÓ contra la rama de un árbol. Éste siguió en pie, pronto, con la nueva primavera, recuperaría su rama. Para él, el verano, será una mirada cargada de valentía.
Paseaba, tranquilo, en una avenida jovial pero asentada en una arboleda dispuesta a abrir el pavimento demostrando que la fuerza del impulso es difícil de controlar. De manera paciente observaba todo lo que le rodeaba, con la mirada del que no da más. Los rayos del sol, los de mediados de Abril, los que más calientan al quitar el frío del largo invierno, creaban el ambiente perfecto. Y quiso autoevaluarse. Quiso, digamos, abstraerse de todo aquéllo que había aprendido durante su vida y recorrer, sin prejuicios, los dias que más le atormentaban.
Al fin, el tormento se torno en vitalidad. La claridad de la primavera, la fiesta de la vida ganó la partida. El balón se desvió y chocÓ contra la rama de un árbol. Éste siguió en pie, pronto, con la nueva primavera, recuperaría su rama. Para él, el verano, será una mirada cargada de valentía.
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