lunes, 12 de abril de 2010

La claridad de la primavera

Giró la cabeza, el balón le daría con tanta fuerza que se quedaría inconsciente, quizá al despertar no recordaría nada de lo que le había pasado en las pasadas semanas. Pero gozó del segundo que el tiempo siempre nos concede antes de que nos ocurra algo importante.

Paseaba, tranquilo, en una avenida jovial pero asentada en una arboleda dispuesta a abrir el pavimento demostrando que la fuerza del impulso es difícil de controlar. De manera paciente observaba todo lo que le rodeaba, con la mirada del que no da más. Los rayos del sol, los de mediados de Abril, los que más calientan al quitar el frío del largo invierno, creaban el ambiente perfecto. Y quiso autoevaluarse. Quiso, digamos, abstraerse de todo aquéllo que había aprendido durante su vida y recorrer, sin prejuicios, los dias que más le atormentaban.

Al fin, el tormento se torno en vitalidad. La claridad de la primavera, la fiesta de la vida ganó la partida. El balón se desvió y chocÓ contra la rama de un árbol. Éste siguió en pie, pronto, con la nueva primavera, recuperaría su rama. Para él, el verano, será una mirada cargada de valentía.

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