martes, 26 de octubre de 2010

A los implicados.

Vamos a dar un paseo por las cosas que, a veces, no entendemos y son para muchos lo más importante. Claro, en un momento acotado.


El que pasea a su abuela como si fuera para ella el último día. El que hace una barra de pan con todo el esmero del mundo. El que sirve una copa con simpatía. El que hace vibrar a los demás con su música. Los que te llevan de un lado a otro por un sueldo. Los y las que liberan tensiones ajenas por algo de dinero. Por los actores que te hacen soñar o sentirte identificados. Por el maestro o maestra que decora su clase y hace una corona de cumpleaños para cada niño. Para los pesados que ponen la música muy alta en el metro y te hacen pensar: ¿es tonto?. Para los profesores que inventan las lecciones y promocian su libro. O aquéllos que creen que con cada palabra pueden herir, o por lo contrario, hacer sonreír a alguien. También para los que abren la puerta del ascensor y preguntan: ¿Vas también al quinto piso?. Y, concesión a lo cursi (si es que todo lo demás no lo es..), para los que besan apasionadamente.

Podría haber titulado este post como: Sintagma verbal predicado, pero, no quiero parecer un libro de Lengua.

domingo, 24 de octubre de 2010

Circunstancial de lugar

Es que los hay de modo, de tiempo, finalidad (interesante éste), causa, compañía, afirmación (jamás lo estudié..), negación, instrumento y materia. Pero vamos con el circunstancial de lugar. No temais, no me he reencarnado en Jesús María Monge.


Estoy convencido. Trazo una raya y pongo CCL. Complemento Circunstancial de Lugar y recuerdo mil momentos en diferentes sitios. El complemento circunstancial de compañía adquiere importancia en el instante exacto; pero cuando éste ya no lo podemos utilizar (claro, el momento ha desaparecido y la compañía también) permanece el lugar y las veces que pasamos por él.

El Sujeto, que una vez fué de número plural, se convierte repentinamente al número singular. El género, diverso, desaparece. Te enfrentas sin compañía a las calles, plazas, ciudades, bares, restaurantes y países que en alguna ocasión han formado parte de alguna oración (por lo general compuesta) de tu vida.

Y lo esencial, el sintagma verbal predicado, es el recuerdo de lo que fué y ya no es. La no acción que le quita todo el sentido a la oración. Nos avisaban eh, sin acción el sujeto no tiene nada que hacer. No existe frase.

Jamás pensé que la - ¿era la sintaxis? - sirviera para algo más que aprobar, con nota, lengua castellana. Siempre estamos a tiempo de cambiar de opinión. ¿No?

lunes, 18 de octubre de 2010

"I want my money back"

"I want my money back", decía la primera ministra inglesa Tatcher cuando iba a Bruselas para tratar temas económicos referentes a la, ahora, Unión Europea. Pero no va sobre ella.

Hoy os atormento con algunas reflexiones, muchas de ellas inmaduras, que alguna vez han ocupado mi cabeza. ¿Pensamos en los demás cuándo decidimos algo importante? ¿Nos sentimos condicionados, en exceso, cuando damos un paso firme? ¿Cuidamos los detalles más estéticos o de poco valor (no por ello menos importantes) a la hora de dejar atrás a personas, momentos, circunstancias o prácticas?

Es la empatía, algo que requiere de un frágil equilibrio entre la personalidad y el individuo que, por otra parte, comparte - menos mal - gran parte de la vida con los demás.

miércoles, 13 de octubre de 2010

¿Entramos?

Podría situar la escena de la manera más típica. Una tarde con mucho viento en Barcelona, la gente algo alterada, las calles bastante oscuras, las ramas cayendo por el peso del agua, las hojas y la fuerza del viento. Algo de frío... pero no.

Ha sido bajar a la realidad más absoluta. Un hombre, con la mirada perdida, bebiendo una cerveza y con un paquete de cigarrillos se quita los pantalones y los calzoncillos dentro de una cafetería llena de gente que trata de evitar el viento y la lluvia. Tras unos segundos, todos nos damos cuenta de que el hombre huele mal y que se estaba cambiando la ropa por motivos evidentes. Olor insoportable y una situación algo embarazosa.

¿Quién iba a pensar que alguien pudiera resistirse a ver esa escena tan llamativa? Nos equivocamos... dos mesas más a la izquierda un chico joven estaba dormido como un tronco reposando la cabeza, de la forma más incómoda, en la mesa. Allí, como si nada, sin escuchar los murmullos de la gente.

Pero, quizá podamos pensar en algo más profundo. Aquéllos hombres estaban siendo auténticos, sin preocuparse de lo que pudieran pensar los demás. ¿Por qué debemos suponer que tienen más problemas que nosotros?

El público expectante había encontrado, quizá, la manera de evadirse de sus problemas. Un chico que no sabe cómo decirle a su novia que quiere dejar la relación con ella. Alguien que quiere romper un negocio y no sabe cómo pagar unas deudas. Mil problemas. Todos, inclusive yo, estábamos pendientes de la autenticidad de los que actuaban sin más miramientos que su propia libertad. De hecho, creo que ellos si que estaban pensando en sus problemas (bien, o soñando sobre ellos); mientras los demás los mirábamos con superioridad para olvidar los nuestros.