jueves, 25 de noviembre de 2010

El dedo en la nariz

Mueve las piernas, nervioso. Mira a las nubes, al frente, dentro de su chaqueta. Se toca la nariz, mira que nadie vea cómo mete el dedo en ella. Observa lo qué hacen los que no comparten su actividad. Sopesa ir con ellos y dejar lo que está haciendo. Decide quedarse dónde está - lo que se empieza se termina -. Es muy aburrido, no pasa nada nuevo. Los demás disfrutan, él no. Piensa: - ¿Hago bien en estar aquí, es lo que yo quiero hacer, o, estoy aquí porqué estan mis amigos? Tras la reflexión se acaba todo, ya le han marcado gol.


Los hay que interrumpen a los niños y niñas cuando juegan. Que intentan comprenderlos utilizando su lenguaje. Basta observarlos y que sepan que estás ahí.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Esto no es una homilía

Tranquilidad, esto no tiene nada que ver con una homilía

Es curioso. No soy una persona religiosa, aunque reconozco cierta impresión ante la construcción de un relato de valores coherentes (de los que se puede discrepar o no) que los distintos credos pueden elaborar. Pronto pienso en las pocas posibilidades para cumplir con una disciplina muy marcada. Pero, ya os digo, no estoy muy interesado en los dogmas religiosos. Pero aprovechando el viaje de Benedicto XVI por España, me dije: ¿Por qué no lees el breve discurso que leyó en Santiago de Compostela?. Web del vaticano, discursos de "Su Santidad", Noviembre... y una lectura breve.

En él, el líder católico dijo: - Entre verdad y libertad hay una relación estrecha y necesaria. La búsqueda honesta de la verdad, la aspiración a ella, es la condición para una auténtica libertad. No puede vivir una sin otra -. Seguro que podemos encontrar muchas interpretaciones, de las más libertarias a las más integristas. Pero me gusta la reflexión; en parte permite ensanchar el posible significado de la cita, aunque acotando la interpretación a los valores de la verdad y la libertad.

Yo hace tiempo que marqué los límites de la libertad personal y la verdad. Mezclar algo de empatía para con los demás sin olvidar, y seguro que lo he repetido alguna que otra vez, esos dos o tres valores únicos e intransferibles que sólo tienen sentido en base a la interpretación que cada individuo hace de su realidad, en definitiva, de su verdad.

Pero... ¡Es tan dificil ser coherente!