Pensad. Teneis tres puntos de vista, mínimo, para afrontar las decisiones más transcendentes o los problemas más simples: No aceptar, aceptar o compensar.
Pero claro, la sutileza de lo que nos ocurre no nos permite clasificar de manera tan fría la disposición frente a los problemas, decisiones o alegrias. ¿No?
Creo que las posturas opuestas, aceptar y no aceptar, son las más fáciles - que no peores -. Pero los que tratamos de aminorar el efecto de cualquier cosa con una sensación, palabra, ocurrencia, hecho, un sueño, ¿No podemos llegar a volvernos locos?
De momento, trato de compensar.
Un espacio para diversas cosas. Exponer, satisfacer ego, meditar, relatar, contar vivencias, locuras, momentos.
lunes, 31 de enero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
Copa y capa
Se acerca a la barra. Iluminada y llamativa, nadie puede resistirse a ella. La sonrisa del camarero, una mueca obligada de respuesta y ahí va: tu copa. La mía.
¿Qué haces con la pajita? ¿Utilizas la mano para sostenerla o basta con la boca? ¿Por qué has cogido la pajita? Pero la tienes y la vas a utilizar. Has decidido tener las dos manos libres y cogerla con la boca.
Primer trago. Dulce, te refresca la boca. Abres los ojos y das media vuelta para ver a los que te rodean con la "cañita" en la boca.
Ahora el segundo trago. Más intenso que el anterior. Cuidado, tómatelo con calma. El segundo trago es la antesala del tercero; y ahí te toca decidir.
Tercero. Estas agotando la copa. Se acaba. Tu lucidez se va con ella y empieza la inconsciencia. Pero, ¿Quién la quiere?
Cuarto, o... ¿era el quinto? ¿Llevas corbata o pajarita? ¿Te sientes bien? ¿Quieres que vayamos al coche? Charlemos...
Has charlado con la pajita, la copa y la pajarita. La almhoada te espera para las reflexiones más profundas. Ni juzga ni hace preguntas.
¿Un vaso de agua?
¿Qué haces con la pajita? ¿Utilizas la mano para sostenerla o basta con la boca? ¿Por qué has cogido la pajita? Pero la tienes y la vas a utilizar. Has decidido tener las dos manos libres y cogerla con la boca.
Primer trago. Dulce, te refresca la boca. Abres los ojos y das media vuelta para ver a los que te rodean con la "cañita" en la boca.
Ahora el segundo trago. Más intenso que el anterior. Cuidado, tómatelo con calma. El segundo trago es la antesala del tercero; y ahí te toca decidir.
Tercero. Estas agotando la copa. Se acaba. Tu lucidez se va con ella y empieza la inconsciencia. Pero, ¿Quién la quiere?
Cuarto, o... ¿era el quinto? ¿Llevas corbata o pajarita? ¿Te sientes bien? ¿Quieres que vayamos al coche? Charlemos...
Has charlado con la pajita, la copa y la pajarita. La almhoada te espera para las reflexiones más profundas. Ni juzga ni hace preguntas.
¿Un vaso de agua?
domingo, 23 de enero de 2011
Expectativa (s)
Si hay algo común y general en el hombre (y en la mujer) es la generación de expectativas. De forma individual, con una expectativa puramente personal; también individual con un ámbito de expansión colectivo - se quiere llevar a cabo una idea en beneficio o para fastidio de los demás -; o la expectativa colectiva en sentido amplio, esto es, se presume que muchos individuos tienen una expectativa común y pretenden, independientemente de que la hayan generado juntos, trasladar la concepción ideológica en experiencia.
Por lo tanto, la expectativa puede ser la plasmación en el imaginario personal o colectivo (pero en este caso en cada uno de los sujetos de forma única aunque coincidente con otros) de la realidad supuesta en la práctica de una idea que, en algún momento dado, se pretende ejercer.
Vamos, algo muy complicado de gestionar. La expectativa no es tal sin la incertidumbre. Ella le da sentido al rodearla de misterio y de duda ante la probable imposibilidad (o la esperanza de que sea posible) de conseguir que la realidad futura sea la misma que la expectativa generada.
Pero no consigo dar con el proceso de génesis de las expectativas. El motor - racional o no - que las matiza y les da forma. Por ello, creo que las expectativas son generadas por los sentimientos. Me explico: sostengo que todo aquéllo a lo que no encuentro una relación con comportamientos pautados entra en la esfera de los sentimientos. De la subjetividad plena. De las sensaciones y momentos determinados. De lo intransferible aunque influenciable. De ahí, las diversas - sin pretensión de exhaustividad - expectativas y sus formas contradictorias en los ámbitos más representativos de la actuación de la persona. Por ejemplo;
- En las relaciones personales, sean éstas amorosas, laborales o de amistad. La expectativa toma muchas maneras de presentarse. La expectativa que nace de la bondad y del deseo o aquélla que persigue un fin de destrucción o negligente.
- La pauta se repite en la esfera pública, la polítca y el mundo de las relaciones de poder. Con más peligro de corrupción y de tomar un matiz negligente aunque haya nacido como una expectativa bondadosa. Pero si antes sostenia que las expectativas provienen de nuestra subjetividad, imaginemos el peligro de una expectativa (y me disculpais la repetición de la palabra) que se cree bondadosa cuando en la realidad - y no en la proyección que el individuo o el colectivo tiene en su imaginario - es una expectativa a denostar. No hay mayor peligro que una pretensión llevada a máximos por alguien que cree que actúa bien cuando es todo lo contrario. Daños causados por quién no cree que los esté haciendo.
En definitiva, no damos la suficiente importancia a todo aquéllo que se convierte en la base de nuestra conducta. Conducta que interacciona con los demás y conforma las relaciones sociales entre individuos que forman una sociedad. Todos jugamos al arriesgado juego del equilibrio de expectativas.
Por lo tanto, la expectativa puede ser la plasmación en el imaginario personal o colectivo (pero en este caso en cada uno de los sujetos de forma única aunque coincidente con otros) de la realidad supuesta en la práctica de una idea que, en algún momento dado, se pretende ejercer.
Vamos, algo muy complicado de gestionar. La expectativa no es tal sin la incertidumbre. Ella le da sentido al rodearla de misterio y de duda ante la probable imposibilidad (o la esperanza de que sea posible) de conseguir que la realidad futura sea la misma que la expectativa generada.
Pero no consigo dar con el proceso de génesis de las expectativas. El motor - racional o no - que las matiza y les da forma. Por ello, creo que las expectativas son generadas por los sentimientos. Me explico: sostengo que todo aquéllo a lo que no encuentro una relación con comportamientos pautados entra en la esfera de los sentimientos. De la subjetividad plena. De las sensaciones y momentos determinados. De lo intransferible aunque influenciable. De ahí, las diversas - sin pretensión de exhaustividad - expectativas y sus formas contradictorias en los ámbitos más representativos de la actuación de la persona. Por ejemplo;
- En las relaciones personales, sean éstas amorosas, laborales o de amistad. La expectativa toma muchas maneras de presentarse. La expectativa que nace de la bondad y del deseo o aquélla que persigue un fin de destrucción o negligente.
- La pauta se repite en la esfera pública, la polítca y el mundo de las relaciones de poder. Con más peligro de corrupción y de tomar un matiz negligente aunque haya nacido como una expectativa bondadosa. Pero si antes sostenia que las expectativas provienen de nuestra subjetividad, imaginemos el peligro de una expectativa (y me disculpais la repetición de la palabra) que se cree bondadosa cuando en la realidad - y no en la proyección que el individuo o el colectivo tiene en su imaginario - es una expectativa a denostar. No hay mayor peligro que una pretensión llevada a máximos por alguien que cree que actúa bien cuando es todo lo contrario. Daños causados por quién no cree que los esté haciendo.
En definitiva, no damos la suficiente importancia a todo aquéllo que se convierte en la base de nuestra conducta. Conducta que interacciona con los demás y conforma las relaciones sociales entre individuos que forman una sociedad. Todos jugamos al arriesgado juego del equilibrio de expectativas.
sábado, 8 de enero de 2011
Barrera abierta; 2010
Para aquél que lea esto con relativa frecuencia, debe saber que todo lo que escriba en este "post" sera personal, es decir, quizá sinónimo de pesado. Pero tengo ganas de escribir, a mi manera, cómo interpreto mi año 2010. En un ataque de ego me gusta escribir todo aquéllo con importancia que me ha pasado durante estos meses, de hecho, muchas veces escribo para ordenar ideas que andan sueltas y sin conexión por mi cabeza. Ahí va. Y disculpas de antemano.
Tras la última campanada y las felicitaciones oportunas; coche, música y la compañía del inseparable amigo que ha vivido conmigo (presencial o mentalmente) el año que precede. Discoteca y locura para la primera noche del año.
Ese mismo mes de Enero, el primero del año, marcó en parte el resto del año. Casualidades que se vuelven en coincidencias y coincidencias que acaban siendo voluntades. Éstas acaban en locuras, y como siempre, las locuras acaban mal. ¿O no acaban nunca?
La Universidad, poco que decir, no supe si la calefacción funcionava bien durante el mes más frío del año. Podeis adivinar el por qué. Y el resultado, si es que lo hubo, de los exámenes.
Pero, cuidado, las locuras son emocionantes y vibrantes en el momento en el que suceden. Olvidas todo, compromisos, valores, proyectos y no ves más que aquéllo que está a punto de impactar en la cara. No falla, y no os invito a comprobarlo - o sí -.
El más corto del año, Febrero, el momento loco más algido del año. Con viaje a Roma incluído. Pero lejos de parar un poco, tres semanas despues fuí a Lisboa; dónde pude comprobar la cuidadosa confortabilidad de sus baños y grifos. Nada más.
Y no paraba de llover eh, en Roma nevó, regresé y llovía, en Lisboa también y cuando llegué a Barcelona se puso a nevar. El inseparable sabe que estuvo en el peor momento de mi vida conmigo. Jamás lo olvidaré.
Abril y Mayo, de los que solo (RAE dixit) recuerdo que tienen 30 y 31 dias (¿o al reves, o todo lo contrario?)
Junio, o cómo creer que puedes sobreponerte sin hacerlo. Pero tengo buenos recuerdos y una renovada visión de los norte americanos. Me basta.
Junio, ¿exámenes no? Eso es, al menos, lo que indica la guía docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona. Crédulo y lo creeré.
Julio o cómo pasar todas las mañanas estudiando sin necesidad. Aunque como distracción y apertura de miras, no tuvo precio - o sí y mi cuenta lo notó en exceso -.
Agosto, va, reserva un vuelo, una habitación en un albergue y piérdete unas semanas por una ciudad que no conozcas. Quién sabe, qué y cómo. Una experiencia más. Y mucha sidra, cerveza y hamburguesas. Además de caminatas con Abel (un hallazgo del pasado año)
Septiembre, Derecho Público Catalán. Aprobado. Vaya, pero si recuerdo lo que era estudiar.
Octubre, otro més que no recuerdo. Me lo haré mirar, ¡No han pasado ni cuatro meses!
27 de Noviembre, 22 años. El mes de Noviembre, interesante. Siempre me lo parece y este año no ha sido distinto. No podré olvidar fácilmente (ni quiero) un trayecto en taxi con buena compañía. Y no hablo del conductor sorprendido. Pero lo dicen de los incoherentes, ¿Te gusta, sí? Pero ara no toca.
Diciembre, nada, meditando qué escribir en este soporífero texto.
Pero, ni mucho menos, todo ha sido negativo. Conservo y quiero más, si cabe, a todos los amigos de los que puedo sentirme afortunado en tener. Además he incluído a varias personas en ese círculo. Frío, cada uno debe saber la forma en la que demuestro - si es que se nota - la manera en la que quiero a las personas tal y cómo son. Confío en la inteligencia de los que me rodean.
No ha sido un buen año, pero para que los haya, buenos, debes haber pasado algun año malo. Por la comparación y esas cosas.
El 2011 debe ser un buen año, y si no, será un mero tránsito hacia el siguiente.
- ¿Eres optimista?
- Sí, por qué
- Bueno, lo que has escrito...
- ¿Crees que un pesimista puede escribir aquéllo que le pasa sin esperar que todo cambie a mejor?
Feliz año nuevo a todos.
Tras la última campanada y las felicitaciones oportunas; coche, música y la compañía del inseparable amigo que ha vivido conmigo (presencial o mentalmente) el año que precede. Discoteca y locura para la primera noche del año.
Ese mismo mes de Enero, el primero del año, marcó en parte el resto del año. Casualidades que se vuelven en coincidencias y coincidencias que acaban siendo voluntades. Éstas acaban en locuras, y como siempre, las locuras acaban mal. ¿O no acaban nunca?
La Universidad, poco que decir, no supe si la calefacción funcionava bien durante el mes más frío del año. Podeis adivinar el por qué. Y el resultado, si es que lo hubo, de los exámenes.
Pero, cuidado, las locuras son emocionantes y vibrantes en el momento en el que suceden. Olvidas todo, compromisos, valores, proyectos y no ves más que aquéllo que está a punto de impactar en la cara. No falla, y no os invito a comprobarlo - o sí -.
El más corto del año, Febrero, el momento loco más algido del año. Con viaje a Roma incluído. Pero lejos de parar un poco, tres semanas despues fuí a Lisboa; dónde pude comprobar la cuidadosa confortabilidad de sus baños y grifos. Nada más.
Y no paraba de llover eh, en Roma nevó, regresé y llovía, en Lisboa también y cuando llegué a Barcelona se puso a nevar. El inseparable sabe que estuvo en el peor momento de mi vida conmigo. Jamás lo olvidaré.
Abril y Mayo, de los que solo (RAE dixit) recuerdo que tienen 30 y 31 dias (¿o al reves, o todo lo contrario?)
Junio, o cómo creer que puedes sobreponerte sin hacerlo. Pero tengo buenos recuerdos y una renovada visión de los norte americanos. Me basta.
Junio, ¿exámenes no? Eso es, al menos, lo que indica la guía docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona. Crédulo y lo creeré.
Julio o cómo pasar todas las mañanas estudiando sin necesidad. Aunque como distracción y apertura de miras, no tuvo precio - o sí y mi cuenta lo notó en exceso -.
Agosto, va, reserva un vuelo, una habitación en un albergue y piérdete unas semanas por una ciudad que no conozcas. Quién sabe, qué y cómo. Una experiencia más. Y mucha sidra, cerveza y hamburguesas. Además de caminatas con Abel (un hallazgo del pasado año)
Septiembre, Derecho Público Catalán. Aprobado. Vaya, pero si recuerdo lo que era estudiar.
Octubre, otro més que no recuerdo. Me lo haré mirar, ¡No han pasado ni cuatro meses!
27 de Noviembre, 22 años. El mes de Noviembre, interesante. Siempre me lo parece y este año no ha sido distinto. No podré olvidar fácilmente (ni quiero) un trayecto en taxi con buena compañía. Y no hablo del conductor sorprendido. Pero lo dicen de los incoherentes, ¿Te gusta, sí? Pero ara no toca.
Diciembre, nada, meditando qué escribir en este soporífero texto.
Pero, ni mucho menos, todo ha sido negativo. Conservo y quiero más, si cabe, a todos los amigos de los que puedo sentirme afortunado en tener. Además he incluído a varias personas en ese círculo. Frío, cada uno debe saber la forma en la que demuestro - si es que se nota - la manera en la que quiero a las personas tal y cómo son. Confío en la inteligencia de los que me rodean.
No ha sido un buen año, pero para que los haya, buenos, debes haber pasado algun año malo. Por la comparación y esas cosas.
El 2011 debe ser un buen año, y si no, será un mero tránsito hacia el siguiente.
- ¿Eres optimista?
- Sí, por qué
- Bueno, lo que has escrito...
- ¿Crees que un pesimista puede escribir aquéllo que le pasa sin esperar que todo cambie a mejor?
Feliz año nuevo a todos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)