lunes, 21 de febrero de 2011

Matrícula de deshonor; de las expectativas (II)

Hace unos dias os hable de las expectativas, y hoy me apetece -en un ataque de ombligo más- comentar unas ideas sobre lo que se espera de nosotros y la importancia de ello para completar lo que esperamos de nosotros mismos. Aviso entonces para el quiera dejar ya de leer.

- ¡Mi hijo es tan inteligente, se queda con todo muy rápido y responde bien a todas las preguntas!
- Vaya, qué bien. A el mío le encanta mirar por la ventana cada vez que viajamos en coche. Mirar todos los pueblos por los que pasamos, los árboles... intenta ver animales. Disfruta mucho con ello.
- Qué movido, sí sí. Mi hijo es como su abuelo. Creemos que será profesor, ¡Es tan listo!

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Qué lástima. La decepción depende mucho más de nosotros mismos de lo que podemos llegar a imaginar. Pensamos en cuál es el futuro brillante que esperamos de los que dependen, de alguna forma, de nuestros cuidados. Como siempre, aparece la lucha por controlar la personalidad de los demás. De la forma más extrema: limitando sus capacidades, su imaginación, sus proyectos e ideas; y maneras más suaves de controlar el libre destino de cada uno. Las suaves quedan cerca de la frontera de la disciplina familiar, de lo correcto. Es dificil, casi imposible, que padres, tutores, quién te cuida, no intente poner un poco de él mismo en tí. Pero es tan dificil responder a las expectativas creadas. Muchas veces son una carga imposible de sostener. Y a veces es incluso más dificil vivir sin haber cumplido con esas expectativas.

Y es que no aprendemos a respetar el espacio de los demás.

viernes, 11 de febrero de 2011

De mi abuela

De mi abuela materna os puedo contar tres cosas: su manía principal era que me lavara las manos a todo momento. Al entrar en casa, despues de jugar, antes de comer cualquier cosa, antes de hacer los deberes, despues....; La segunda, y no por ello menos importante para ella, era llevar en cualquier circunstancia los calcetines puestos. Y la última -más flexible- intentar decir "no" siempre con un gesto sonriente o blando.

Claro, Alberto se ha vuelto loco y nos inunda - casi como siempre - con sus tonterias. Pero siempre podemos ir más allá. Lo haremos.

De mi abuela no tengo destello físico o de carácter que me haya transferido. Soy una perfecta réplica de mi familia paterna. Tanto en la personalidad como en el aspecto físico. Quizá por eso se esforzó, mi abuela, en dotarme de lo que consideraba esencial para una educación rígida y dura. Ella lo era.

Lavarse las manos, es decir, ser capaz de ser honesto con uno mismo y con los demás. Algo transparente y poco prentencioso. Previsible. Dormir tranquilo.

Llevar siempre los calcetines puestos. Ser cauto, previsor y algo esceptico. Ahorrativo. No gastar más de lo que dispones y no abusar de la confianza de los demás.

Y la menos tangible, decir que "no" de la forma más dócil posible. Es probable que sea una forma de arropar una carencia que comparto con mi abuela, la imposibilidad de ser tajante. El miedo a decepcionar.

Aunque el recuerdo que tengo más vivo de la abuela que murió sin recordar nada es cuando, siempre, me daba una tortita anisada de las que compraba en su pueblo de forma periódica. Su capacidad de hacer cualquier pieza de ropa para que su nieto fuera siempre "pulcro y brillante".

sábado, 5 de febrero de 2011

El libro caído - o casi - de la estantería

Ordenados: por editorial, por autor, por año de edición, por su temática, por su estado de conservación...; en teoría es lo normal cuando pensamos en una estantería o biblioteca de libros. Pero acaba por llamar tu atención el libro que está a punto de caer al suelo o el que está desordenado -aunque quizá sí en su sitio-.

Y es que esto del orden es relativo. Admiro a todos los que son capaces de organizar su vida y el día a dia de forma planificada. Mentira. Me encanta la sensación de sentirme como el libro que está a punto de caerse de la estantería.

De los libros que no cuentan historias, que cuentan oportunidades, impulsos, arrepentimiento, locura, razón.

Y sospechad de quién titula un texto de menos de diez rayas.