viernes, 11 de febrero de 2011

De mi abuela

De mi abuela materna os puedo contar tres cosas: su manía principal era que me lavara las manos a todo momento. Al entrar en casa, despues de jugar, antes de comer cualquier cosa, antes de hacer los deberes, despues....; La segunda, y no por ello menos importante para ella, era llevar en cualquier circunstancia los calcetines puestos. Y la última -más flexible- intentar decir "no" siempre con un gesto sonriente o blando.

Claro, Alberto se ha vuelto loco y nos inunda - casi como siempre - con sus tonterias. Pero siempre podemos ir más allá. Lo haremos.

De mi abuela no tengo destello físico o de carácter que me haya transferido. Soy una perfecta réplica de mi familia paterna. Tanto en la personalidad como en el aspecto físico. Quizá por eso se esforzó, mi abuela, en dotarme de lo que consideraba esencial para una educación rígida y dura. Ella lo era.

Lavarse las manos, es decir, ser capaz de ser honesto con uno mismo y con los demás. Algo transparente y poco prentencioso. Previsible. Dormir tranquilo.

Llevar siempre los calcetines puestos. Ser cauto, previsor y algo esceptico. Ahorrativo. No gastar más de lo que dispones y no abusar de la confianza de los demás.

Y la menos tangible, decir que "no" de la forma más dócil posible. Es probable que sea una forma de arropar una carencia que comparto con mi abuela, la imposibilidad de ser tajante. El miedo a decepcionar.

Aunque el recuerdo que tengo más vivo de la abuela que murió sin recordar nada es cuando, siempre, me daba una tortita anisada de las que compraba en su pueblo de forma periódica. Su capacidad de hacer cualquier pieza de ropa para que su nieto fuera siempre "pulcro y brillante".

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