domingo, 13 de marzo de 2011

De ropas viejas.

La misma música popular catalana, una vieja tradición mantenida hasta hoy. Mayores, jóvenes y niños se protegen de las chispas que el Camell lanza hacia todas las direcciones. Ropas viejas y brincos, siguiendo un baile caótico que hasta el menos implicado acaba por repetir.

Y me pregunto las veces que he visto ese espectaculo. Los años que han pasado desde que lo presencié por primera vez. Las diferentes personas que me han acompañado. Las circunstancias de ese momento. La ida y la vuelta.

Pero esta vez lo he tenido demasiado fácil. O rabiosamente dificil. La casualidad ha hecho que llevara puesta la misma chaqueta que el año pasado. La misma en la que meto mis manos en los bolsillos para, inmediatamente despues, encoger los hombros. Creo que debo deshacerme de esa chaqueta. Y de la manía de encoger los hombros.

Tras deshacerme de esa chaqueta, podré tener alguna otra con la que ir erguido, derecho. Con las manos bien libres y la mente igual de clara.

Pero de momento he vuelto a guardar la chaqueta en un armario que, desde hace un tiempo, no me permite cerrar bien una de sus puertas.

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