sábado, 25 de junio de 2011

Del insomnio

Hace calor y piensas: ¿Será mejor dormir con camiseta?

Varias vueltas y posiciones. Buscas la excusa que no te deja dormir. Y no sabes si piensas o sueñas, o intentas hacer alguna de las dos cosas. Qué de cosas sin moverse de una cama de una habitación.

Fijas la mirada hacia el techo, sin saber dónde estás clavando tus ojos rasgados. Pones tu dedo índice en los labios, como si en cualquier momento fueras a decir en alto la idea a la que no eres capaz de llegar. Diriges tu mirada a izquierda y derecha. Poco a poco vas notando que va haciendo algo más de frío - fresco - y vas moviéndote por la cama ya con más lentitud.

De pronto encuentras acomodo y ya no colocas tu cabeza en la almohada de manera brusca. Parece que falta poco para, al fin, dormir plácidamente.

Y exhausto cierras los ojos. La preocupación que tienes no se ha marchado, se presentará mañana a la misma hora. Cuando ya no tengas nada más en la mente a lo que puedas dedicar algo de espacio. Vendrá cuando quieras descansar.

Y es que lo que no solucionas despierto no te dejará dormir.

martes, 14 de junio de 2011

Controlamos. Sin más.

Nos gusta pensar que controlamos. Sin más. Claro, ¿Cómo no iba a ser así, si voy con los ojos bien abiertos y jamás pierdo la percepción de lo que sucede a mi alrededor?. Ya está, tienes la certidumbre, estás tranquilo y meriendas pan con chocolate. Todo marcha perfecto.


Aguantad un poco más, no os voy a hablar de las casualidades que no controlamos y, dicen, son fruto del azar. No. Pero sí de lo que no vemos aunque hagamos nosotros mismos.

Del portazo que despierta a quién aun sigue durmiendo en el piso de al lado. De la miga de pan que se comerá un gorrión porqué te cayó del bocadillo. Del esfuerzo que conlleva hacer cualquier producto que consumimos sin reflexionar (y a diós gracias que no lo hacemos). Del dolor de espalda de aquél que manipula una máquina que hará tu camiseta. Del dolor de piernas de la oficinista que te renueva el D.N.I a la que maldices por ser tan lenta. ¿Y qué me decís del silvido machacón de un conductor de bus? Esa cantarina puede ser el remedio para el agobio infernal tras unas horas conduciendo y aguantando a señoras que le preguntan sobre trayectos equivocados, día tras día.

Puede parecer estúpido. Pero no estaría de más que valoraramos aquéllo que no controlamos, aunque se dé por alguna conducta nuestra. Un poco de empatía y todos seremos un poco más felices. ¿No?

viernes, 3 de junio de 2011

De los momentos

Es un dia cualquiera, una noche más, una suma de todas ellas, o una mezcla de todo lo que has vivido. Pero de repente todo te parece distinto. Los árboles siguen en el mismo lugar, las personas pasan, conviven, luchan, se rinden, se conforman, aspiran, reflexionan y además respiran.

Pero tu quieres encontrarle el sentido a este momento. A los recuerdos, a aquello que no hiciste, a lo que no dijiste, a lo que no viviste. Echas la vista atras y evaluas tu conducta. Haces honor a tu condición de humano y reflexionas. Cometes ese error y recuerdas tiempos pasados, quizá mejores. Sabores, olores, instantes, palabras, disculpas, silencios, copas, pasos, escaleras, muecas, casualidades y causalidades.

Y sigues en la casilla de salida, deseando jugar y arriesgarte, pero no perder. Te pesan las derrotas y las victorias a medias. Careces de alternativas. Piensas a cerca de los momentos.

El mismo rugido de motor, las mismas imágenes y sensaciones. Idénticas luces y sombras. Y das mil piruetas para no llegar ahí. Pero estás.

Café doble, atento y extraño. Pendiente y desafecto. Simple e incapaz. Y piensas en lo que te hace sonreír, pero te entristece. Superas las barreras aunque no te pertenezcan. Practicas la conllevancia. Y vives el mismo momento. Lo recuerdas y lo vives. Escribes y meditas para llegar al mismo punto de partida.

Cuidado, simulas y recreas. Vives el momento que nunca has querido. Aquel que imaginaste para los demás. Y cuando despiertas pierdes la pista de lo obvio.

Quieres abrir el mismo sobre de azúcar que te hace remover el café.