Es un dia cualquiera, una noche más, una suma de todas ellas, o una mezcla de todo lo que has vivido. Pero de repente todo te parece distinto. Los árboles siguen en el mismo lugar, las personas pasan, conviven, luchan, se rinden, se conforman, aspiran, reflexionan y además respiran.
Pero tu quieres encontrarle el sentido a este momento. A los recuerdos, a aquello que no hiciste, a lo que no dijiste, a lo que no viviste. Echas la vista atras y evaluas tu conducta. Haces honor a tu condición de humano y reflexionas. Cometes ese error y recuerdas tiempos pasados, quizá mejores. Sabores, olores, instantes, palabras, disculpas, silencios, copas, pasos, escaleras, muecas, casualidades y causalidades.
Y sigues en la casilla de salida, deseando jugar y arriesgarte, pero no perder. Te pesan las derrotas y las victorias a medias. Careces de alternativas. Piensas a cerca de los momentos.
El mismo rugido de motor, las mismas imágenes y sensaciones. Idénticas luces y sombras. Y das mil piruetas para no llegar ahí. Pero estás.
Café doble, atento y extraño. Pendiente y desafecto. Simple e incapaz. Y piensas en lo que te hace sonreír, pero te entristece. Superas las barreras aunque no te pertenezcan. Practicas la conllevancia. Y vives el mismo momento. Lo recuerdas y lo vives. Escribes y meditas para llegar al mismo punto de partida.
Cuidado, simulas y recreas. Vives el momento que nunca has querido. Aquel que imaginaste para los demás. Y cuando despiertas pierdes la pista de lo obvio.
Quieres abrir el mismo sobre de azúcar que te hace remover el café.
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