Nos han dicho que el hallazgo de un método, del método, permite afrontar cualquier situación con unas perspectivas de éxito considerables. Y ese método es imperturbable. Asumimos que ceñimos nuestra conducta a unas fronteras infranqueables en pro de la consecución de un buen resultado. ¡Qué fácil! ¡Cómo he podido descubrirlo tan tarde! ¬¬
Un método que presupone la inexistencia de los detalles, de los destellos de locura de las personas, de los fallos y de las bondades de la improvisación. Pero no pasa nada, tenemos un orden y eso nos hace más fuertes, nos dicen.
Ya me han convencido. El individuo, como la sociedad, finge unos límites para distinguir lo correcto de lo incorrecto. ¿Y el problema? Presuponer que el lenguaje es idéntico para cada uno de nosotros, que los conceptos no son susceptibles de matices y que las emociones son algo a tapar.
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