lunes, 24 de diciembre de 2012

¿Cuándo voy a tener un mejor pretexto para escribir unas reflexiones tan sentidas?


¿Cuándo voy a tener un mejor pretexto para escribir unas reflexiones tan sentidas? Para la mayoría de vosotros es una noche de amor, amistad, recuerdos, sonrisas y calor. Así que yo no puedo ser menos y quiero sumarme a vuestra felicidad con una historia que, entre líneas, recoge mucho de lo que pienso de todos vosotros. 

" Cada mañana sigue el mismo ritual. Pone el despertador bien temprano, se levanta de un impulso y piensa en todo lo que va a hacer ese día. Pero de la idea al hecho... ya sabéis; pronto se encuentra con el primer rival: el vaso de leche, el sofá y las noticias de la mañana. Es capaz de pensar cómo están todos sus amigos - próximos o lejanos, asiduos o puntuales - mientras ve como la bolsa se desploma y trata de entender la última locura de un criminal de provincias. En ese momento pierde la noción del tiempo, ve pasar todas las miradas y muecas de alegría y tristeza de los más queridos, el desdén de los que estima sin que por ello haya un sentimiento mutuo, la dificultad de los que no llegan a sus objetivos y la vileza de los que contribuyen a ello.

Y el reloj ya marca una hora maldita, la de las prisas, la de salir despeinado y con la barba mal recortada a la calle. Pero sí, va totalmente reconocible a la calle. Al fin y al cabo así es él. Baja las escaleras de su edificio, encara la subida hacia la parada del bus y, por supuesto, lo pierde. En esas que piensa en comer unos churros con un café, claro, algo rápido. Media hora para saludar por diferentes redes a los que cree más desanimados, preocupados o felices (para compartir con ellos su felicidad). Tras el último sorbo de su cortado, se enciende el primer cigarro de la mañana que fuma lentamente... El momento es tan especial que ¡ay! tiene que cruzar la plaza del Castillo corriendo, llegar al bus y picar con fuerza sus puertas para no quedarse en tierra de nuevo. 

Una preocupación menos, ya se dirige hacia Barcelona. Lee el periódico con escepticismo - nunca le ha gustado fiarse de los medios que regalan sus ediciones en el transporte público - y trata de entender la actualidad desde un punto de vista humano. ¿Qué las cosas no se hagan con una dimensión humanista no significa que aquellos que realizan tales acciones sean malos, no? En un principio le acompaña ese optimismo antropológico pero, pronto, acaba abandonando esa tarea caótica y contempla el paisaje urbano. En cada ventana, árbol, conductor, cartel... percibe una nota interesante de la que poder opinar. La empatía - para muchos demasiado valorada y para otros tantos la gran carencia de las personas - le pierde. Sus preocupaciones, que pocas veces llegan a su pensamiento como tales, restan aparcadas. ¡Quizá hay personas, temores, problemas, situaciones injustas o dramáticas, genios... a los que nadie presta atención! ¿Por qué no va a ser bueno que alguien piense en ello?"


Por las escapadas, las risas, las lágrimas, los triunfos, las derrotas, las cenas, los desayunos, los tapeos, las fiestas, los ratos muertos, los viajes, las canciones, las expresiones, el lenguaje especial y particular, las idas y venidas. ¡Venga, mañana volveremos a ello!  

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