sábado, 1 de mayo de 2010

Conversación de balcón

Como si fuera un test de alguna revista de lectura rápida:

- Defínete con cinco palabras, cinco adjetivos que hablen de lo que tú eres y de lo que proyectas a los demás. Mejor, que quieres contarme hoy de tí.

Estaban en un pequeño local, desde su posición podian ver una rambla llena de jaleo, llena de vidas. Sentados frente a frente, jugando con sus manos y tras una larga conversación surgió esa proposición.

- ¿Cinco palabras? Imposible. Aun no te conozco lo suficiente como para resumir lo que te quiero decir en tan pocas palabras. Aun pienso lo que quiero decirte cada vez que hablamos.

- Eres honesto.

- Quizá no sea eso, nunca tengo la seguridad de transmitir lo que de verdad quiero decir.

- Ahora lo estás haciendo.

- Quizá.

- Dime entonces lo que quieras de ti, sobre ti.

- Sí, siempre he pensado algo tal que así: Soy cambiante, pero me gusta identificarme con dos o tres valores, siempre los mismos, personales, con los que vuelvo siempre a casa. Son los que me identifican.

Se miran, alargan los brazos y se acarician.

- ¿Estás haciendo lo que te apetece?

Gira la cabeza y ve pasar a decenas de personas, con ritmos dispares. Vuelve a encontrar la mirada, la misma de antes. Acaba de borrar un recuerdo para generar otro.

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