Nos encontramos ante unos meses con cabeceras de diarios copadas por los problemas de déficit de las economias occidentales. El ciudadano de a pie resulta contagiado por las turbulencias, dicen, que emanan de arriba (y por la grandilocuencia de algunos titulares, quizá del mísmisimo Dios). Pero a veces es sano pasear y no como mero ejercicio vitalista
Para los que pasean o caminan por la Avenida Diagonal de Barcelona, en frente de los edificios de la Caixa, no les debe sonar extraño el relato: Una señora mayor, muy anciana, que a penas puede sostenerse en pie y que, por lo que parece, sólo se alimenta de la leche -caliente- que contiene un break sucio. La mujer, cuando no dormida, vende pulseras y otros artículos. A simple vista nos encontramos ante una mujer que lo pasa mal, que permanece sentada bajo el sol durante muchas horas ante la mirada -o cuanto menos el desprecio- de todos los que pasamos por allí. Todos con algo por hacer.
Pero ahí está, una anciana en frente del coloso financiero. Y nadie -yo tampoco- hemos pensado que la solución a sus problemas, en parte, pasa por todos nosotros.
Mientras, seguimos leyendo las preocupantes -e inaccesibles- noticias de los diarios para poder esquivar la imagen de una anciana desvalida sentada en un banco a merced del tiempo.
Y es que el déficit también es de atención.
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