Tienes mil cosas en mente y poco tiempo para hacerlas. Debes ir a trabajar, pagar unos recibos, hacer una transferencia, saludar amablemente a los que conoces pero no tratas, ayudar a bajar un carro que lleva una mujer embarazada; además, esperas el bus que acabas perdiendo para acabar en el tren. Añade las obligaciones más elementales (dormir algo, ducharte, comer...) Vamos, que pareces ocupado.
Pero no eres un chico básico, todo lo contrario, algo complicado. Mientras aguantas el bocadillo de tortilla que vas a comer pensando en la prueba que tienes minutos más tarde, e intentas encontrar diez céntimos del bolsillo para completar el precio de la coca-cola que sacas de la máquina, aparece la reflexión más importante que has hecho en muchos dias.
Hoy, declaras tu escepticismo ante los voceros que nos hablan de la necesaria tranquilidad y meditación que se requiere para llegar a conclusiones válidas sobre el ámbito personal. Admites, en definitiva, que hay situaciones que no dependen, en exclusiva, de tu propia actuación. Dudas y eso te hace vulnerable, pero con ello, te conviertes en alguien consciente. Y eso te gusta
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