- Cállate.
No sonó como una orden brusca. Algo así como un aviso, como cuando una madre te mete prisa por vestirte para llegar al colegio. Y es que las cosas importantes, las conversaciones determinantes, suelen ser pausadas; quizá un truco para dar a las palabras la relevancia que se les supone.
Olvida todas tus ocupaciones. En este instante vas a preocuparte por aquello a lo que te gustaría acariciar, por los recuerdos que quieres volver a vivir, por las canciones que quieres volver a escuchar y bailar. Vas a tener en cuenta las sonrisas que has dado y las que has recibido. Las carcajadas. ¿A caso no es eso mucho más importante que las pretensiones que alcanzas a tocar con los dedos?
Frena. Recuerda una historia del campo castellano. Cuentan que algunos pastores van pensando en sus preocupaciones mientras acompañan al rebaño por las llanuras de la Meseta. Poco a poco van desgranando los malos recuerdos y los van obviando, acarician los recuerdos bonitos hasta que llegan a la roca o piedra más cómoda dónde poder sentarse para morir en paz.
Quizá deberias hacer como ellos, aunque no morir, ir cerrando el día acompañado de las mejores sensaciones. Tu roca será la cama y el final vendrá con los rayos del sol que harán que olvides esta charla.
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