Cuando la vi sabía que era una mujer muy especial. Debe tener más de cincuenta años. Muy guapa, con los ojos claros y los labios siempre pintados de color rojo. Armada con una sonrisa casi eterna y algo desafiante. Era de ese tipo de personas que miran con comprensión pero exigencia. Divorciada, una francesa que vivía con su hija adolescente en Barcelona. Pero es lógico que penseis - ¿dónde la conociste? -. Fue mi profesora de francés durante el mes de Julio en el Institut Français de Barcelona.
Hasta ahí nada relevante. Una profesora más. Pero su actitud hacía que ella fuese para mí una persona muy interesante. Y hoy, esperando a que el ascensor llegara a la quinta planta del edificio para ir pitando hasta la calle Buenos Aires y no perder el bus, me la encontré retocando sus labios. Se estaba mirando en la parte acristalada de la puerta del ascensor. ¡Tan coqueta!
- ¡Fabienne! ¿Qué tal, me recuerdas?
- Claro, eres Alberto. ¡El chico que tras un intensivo de francés, se marchaba a Londres y no se iba a París para aprovechar el curso! Cómo iba a olvidarlo.
- Bueno, Fabienne... no hay que tomarse la vida con tanta seriedad. Aunque, antes, yo era un chico metódico.
- ¿Y cuándo dejaste de serlo?
Llegamos a la planta baja, le abro la puerta y salimos para llegar a la Avenida Diagonal.
- Fabienne, no lo se. Dejar de serlo no fue una decisión, surgió así.
- Eres joven, ¡Para qué te hago estas preguntas! ¿Qué tal el verano?
- Bien, normal
- ¿Normal?
- ¿Qué imagen decides para que sea tu favorita?
- No lo sé, está por ver; seguro.
Ella giraba hacia la izquiera para llegar a la estación de metro de Diagonal, yo giraba hacia la derecha.
- Bueno, nos vemos Alberto
- Claro, cualquier dia de estos
- Por cierto, ¿en qué nivel estás, el segundo no?
- Sí, ¡si contigo cursé el primer curso!
- Recordé tu nombre, ¿Crees que se puede pedir más? - Reía
Y cada uno siguió con su camino, aunque antes, busqué la mirada de esa mujer llena de vida. Seguro que pude captar algo de su energía.
Un espacio para diversas cosas. Exponer, satisfacer ego, meditar, relatar, contar vivencias, locuras, momentos.
martes, 14 de diciembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
El dedo en la nariz
Mueve las piernas, nervioso. Mira a las nubes, al frente, dentro de su chaqueta. Se toca la nariz, mira que nadie vea cómo mete el dedo en ella. Observa lo qué hacen los que no comparten su actividad. Sopesa ir con ellos y dejar lo que está haciendo. Decide quedarse dónde está - lo que se empieza se termina -. Es muy aburrido, no pasa nada nuevo. Los demás disfrutan, él no. Piensa: - ¿Hago bien en estar aquí, es lo que yo quiero hacer, o, estoy aquí porqué estan mis amigos? Tras la reflexión se acaba todo, ya le han marcado gol.
Los hay que interrumpen a los niños y niñas cuando juegan. Que intentan comprenderlos utilizando su lenguaje. Basta observarlos y que sepan que estás ahí.
Los hay que interrumpen a los niños y niñas cuando juegan. Que intentan comprenderlos utilizando su lenguaje. Basta observarlos y que sepan que estás ahí.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Esto no es una homilía
Tranquilidad, esto no tiene nada que ver con una homilía
Es curioso. No soy una persona religiosa, aunque reconozco cierta impresión ante la construcción de un relato de valores coherentes (de los que se puede discrepar o no) que los distintos credos pueden elaborar. Pronto pienso en las pocas posibilidades para cumplir con una disciplina muy marcada. Pero, ya os digo, no estoy muy interesado en los dogmas religiosos. Pero aprovechando el viaje de Benedicto XVI por España, me dije: ¿Por qué no lees el breve discurso que leyó en Santiago de Compostela?. Web del vaticano, discursos de "Su Santidad", Noviembre... y una lectura breve.
En él, el líder católico dijo: - Entre verdad y libertad hay una relación estrecha y necesaria. La búsqueda honesta de la verdad, la aspiración a ella, es la condición para una auténtica libertad. No puede vivir una sin otra -. Seguro que podemos encontrar muchas interpretaciones, de las más libertarias a las más integristas. Pero me gusta la reflexión; en parte permite ensanchar el posible significado de la cita, aunque acotando la interpretación a los valores de la verdad y la libertad.
Yo hace tiempo que marqué los límites de la libertad personal y la verdad. Mezclar algo de empatía para con los demás sin olvidar, y seguro que lo he repetido alguna que otra vez, esos dos o tres valores únicos e intransferibles que sólo tienen sentido en base a la interpretación que cada individuo hace de su realidad, en definitiva, de su verdad.
Pero... ¡Es tan dificil ser coherente!
Es curioso. No soy una persona religiosa, aunque reconozco cierta impresión ante la construcción de un relato de valores coherentes (de los que se puede discrepar o no) que los distintos credos pueden elaborar. Pronto pienso en las pocas posibilidades para cumplir con una disciplina muy marcada. Pero, ya os digo, no estoy muy interesado en los dogmas religiosos. Pero aprovechando el viaje de Benedicto XVI por España, me dije: ¿Por qué no lees el breve discurso que leyó en Santiago de Compostela?. Web del vaticano, discursos de "Su Santidad", Noviembre... y una lectura breve.
En él, el líder católico dijo: - Entre verdad y libertad hay una relación estrecha y necesaria. La búsqueda honesta de la verdad, la aspiración a ella, es la condición para una auténtica libertad. No puede vivir una sin otra -. Seguro que podemos encontrar muchas interpretaciones, de las más libertarias a las más integristas. Pero me gusta la reflexión; en parte permite ensanchar el posible significado de la cita, aunque acotando la interpretación a los valores de la verdad y la libertad.
Yo hace tiempo que marqué los límites de la libertad personal y la verdad. Mezclar algo de empatía para con los demás sin olvidar, y seguro que lo he repetido alguna que otra vez, esos dos o tres valores únicos e intransferibles que sólo tienen sentido en base a la interpretación que cada individuo hace de su realidad, en definitiva, de su verdad.
Pero... ¡Es tan dificil ser coherente!
martes, 26 de octubre de 2010
A los implicados.
Vamos a dar un paseo por las cosas que, a veces, no entendemos y son para muchos lo más importante. Claro, en un momento acotado.
El que pasea a su abuela como si fuera para ella el último día. El que hace una barra de pan con todo el esmero del mundo. El que sirve una copa con simpatía. El que hace vibrar a los demás con su música. Los que te llevan de un lado a otro por un sueldo. Los y las que liberan tensiones ajenas por algo de dinero. Por los actores que te hacen soñar o sentirte identificados. Por el maestro o maestra que decora su clase y hace una corona de cumpleaños para cada niño. Para los pesados que ponen la música muy alta en el metro y te hacen pensar: ¿es tonto?. Para los profesores que inventan las lecciones y promocian su libro. O aquéllos que creen que con cada palabra pueden herir, o por lo contrario, hacer sonreír a alguien. También para los que abren la puerta del ascensor y preguntan: ¿Vas también al quinto piso?. Y, concesión a lo cursi (si es que todo lo demás no lo es..), para los que besan apasionadamente.
Podría haber titulado este post como: Sintagma verbal predicado, pero, no quiero parecer un libro de Lengua.
El que pasea a su abuela como si fuera para ella el último día. El que hace una barra de pan con todo el esmero del mundo. El que sirve una copa con simpatía. El que hace vibrar a los demás con su música. Los que te llevan de un lado a otro por un sueldo. Los y las que liberan tensiones ajenas por algo de dinero. Por los actores que te hacen soñar o sentirte identificados. Por el maestro o maestra que decora su clase y hace una corona de cumpleaños para cada niño. Para los pesados que ponen la música muy alta en el metro y te hacen pensar: ¿es tonto?. Para los profesores que inventan las lecciones y promocian su libro. O aquéllos que creen que con cada palabra pueden herir, o por lo contrario, hacer sonreír a alguien. También para los que abren la puerta del ascensor y preguntan: ¿Vas también al quinto piso?. Y, concesión a lo cursi (si es que todo lo demás no lo es..), para los que besan apasionadamente.
Podría haber titulado este post como: Sintagma verbal predicado, pero, no quiero parecer un libro de Lengua.
domingo, 24 de octubre de 2010
Circunstancial de lugar
Es que los hay de modo, de tiempo, finalidad (interesante éste), causa, compañía, afirmación (jamás lo estudié..), negación, instrumento y materia. Pero vamos con el circunstancial de lugar. No temais, no me he reencarnado en Jesús María Monge.
Estoy convencido. Trazo una raya y pongo CCL. Complemento Circunstancial de Lugar y recuerdo mil momentos en diferentes sitios. El complemento circunstancial de compañía adquiere importancia en el instante exacto; pero cuando éste ya no lo podemos utilizar (claro, el momento ha desaparecido y la compañía también) permanece el lugar y las veces que pasamos por él.
El Sujeto, que una vez fué de número plural, se convierte repentinamente al número singular. El género, diverso, desaparece. Te enfrentas sin compañía a las calles, plazas, ciudades, bares, restaurantes y países que en alguna ocasión han formado parte de alguna oración (por lo general compuesta) de tu vida.
Y lo esencial, el sintagma verbal predicado, es el recuerdo de lo que fué y ya no es. La no acción que le quita todo el sentido a la oración. Nos avisaban eh, sin acción el sujeto no tiene nada que hacer. No existe frase.
Jamás pensé que la - ¿era la sintaxis? - sirviera para algo más que aprobar, con nota, lengua castellana. Siempre estamos a tiempo de cambiar de opinión. ¿No?
Estoy convencido. Trazo una raya y pongo CCL. Complemento Circunstancial de Lugar y recuerdo mil momentos en diferentes sitios. El complemento circunstancial de compañía adquiere importancia en el instante exacto; pero cuando éste ya no lo podemos utilizar (claro, el momento ha desaparecido y la compañía también) permanece el lugar y las veces que pasamos por él.
El Sujeto, que una vez fué de número plural, se convierte repentinamente al número singular. El género, diverso, desaparece. Te enfrentas sin compañía a las calles, plazas, ciudades, bares, restaurantes y países que en alguna ocasión han formado parte de alguna oración (por lo general compuesta) de tu vida.
Y lo esencial, el sintagma verbal predicado, es el recuerdo de lo que fué y ya no es. La no acción que le quita todo el sentido a la oración. Nos avisaban eh, sin acción el sujeto no tiene nada que hacer. No existe frase.
Jamás pensé que la - ¿era la sintaxis? - sirviera para algo más que aprobar, con nota, lengua castellana. Siempre estamos a tiempo de cambiar de opinión. ¿No?
lunes, 18 de octubre de 2010
"I want my money back"
"I want my money back", decía la primera ministra inglesa Tatcher cuando iba a Bruselas para tratar temas económicos referentes a la, ahora, Unión Europea. Pero no va sobre ella.
Hoy os atormento con algunas reflexiones, muchas de ellas inmaduras, que alguna vez han ocupado mi cabeza. ¿Pensamos en los demás cuándo decidimos algo importante? ¿Nos sentimos condicionados, en exceso, cuando damos un paso firme? ¿Cuidamos los detalles más estéticos o de poco valor (no por ello menos importantes) a la hora de dejar atrás a personas, momentos, circunstancias o prácticas?
Es la empatía, algo que requiere de un frágil equilibrio entre la personalidad y el individuo que, por otra parte, comparte - menos mal - gran parte de la vida con los demás.
Hoy os atormento con algunas reflexiones, muchas de ellas inmaduras, que alguna vez han ocupado mi cabeza. ¿Pensamos en los demás cuándo decidimos algo importante? ¿Nos sentimos condicionados, en exceso, cuando damos un paso firme? ¿Cuidamos los detalles más estéticos o de poco valor (no por ello menos importantes) a la hora de dejar atrás a personas, momentos, circunstancias o prácticas?
Es la empatía, algo que requiere de un frágil equilibrio entre la personalidad y el individuo que, por otra parte, comparte - menos mal - gran parte de la vida con los demás.
miércoles, 13 de octubre de 2010
¿Entramos?
Podría situar la escena de la manera más típica. Una tarde con mucho viento en Barcelona, la gente algo alterada, las calles bastante oscuras, las ramas cayendo por el peso del agua, las hojas y la fuerza del viento. Algo de frío... pero no.
Ha sido bajar a la realidad más absoluta. Un hombre, con la mirada perdida, bebiendo una cerveza y con un paquete de cigarrillos se quita los pantalones y los calzoncillos dentro de una cafetería llena de gente que trata de evitar el viento y la lluvia. Tras unos segundos, todos nos damos cuenta de que el hombre huele mal y que se estaba cambiando la ropa por motivos evidentes. Olor insoportable y una situación algo embarazosa.
¿Quién iba a pensar que alguien pudiera resistirse a ver esa escena tan llamativa? Nos equivocamos... dos mesas más a la izquierda un chico joven estaba dormido como un tronco reposando la cabeza, de la forma más incómoda, en la mesa. Allí, como si nada, sin escuchar los murmullos de la gente.
Pero, quizá podamos pensar en algo más profundo. Aquéllos hombres estaban siendo auténticos, sin preocuparse de lo que pudieran pensar los demás. ¿Por qué debemos suponer que tienen más problemas que nosotros?
El público expectante había encontrado, quizá, la manera de evadirse de sus problemas. Un chico que no sabe cómo decirle a su novia que quiere dejar la relación con ella. Alguien que quiere romper un negocio y no sabe cómo pagar unas deudas. Mil problemas. Todos, inclusive yo, estábamos pendientes de la autenticidad de los que actuaban sin más miramientos que su propia libertad. De hecho, creo que ellos si que estaban pensando en sus problemas (bien, o soñando sobre ellos); mientras los demás los mirábamos con superioridad para olvidar los nuestros.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Pallejà .- ¿Crecer?
El día 7 de Septiembre, cuando fuí a trabajar a la escuela Àngel Guimerà (Pallejà) pude ver como estaban empezando con las obras en la zona de la nueva carretera que conectará el barrio de la Magina con el núcleo urbano de Pallejà. También construirán algunas viviendas. Supongo que la obra se justifica con el pretexto (y no dudo que sea lo más conveniente) de que el barrio no puede tener un único acceso de entrada y salida. Mas allá de la obra en concreto, pensé en todo lo que estaba viendo y en cómo era todo 10-15 años atrás. Con ello puedo hacer una reflexión muy personal pero que, al poner negro sobre blanco, pretende ordenar mis ideas sobre lo que acertamos - o no - en denominar "crecimiento"
Hace más de una década con todos mis compañeros de la escuela ibamos, a veces, a hacer Educación Física en el bosque que rodeaba el colegio. El "Bosc de la Torroja", en poco tiempo se urbanizó con bloques de pisos y casas de tipo unifamiliar. Estas edificaciones me parecen bastante coherentes. Se hicieron siguiendo el entramado urbano y sin construir una zona aislada para la que serian necesarios accesos que dañarian más la zona boscosa. En este caso parece justificado decir que fueron unas obras lógicas; el pueblo crecía en población, una especie de crecimiento natural. Algo parecido puede afirmarse de las obras en el ensanche más cercano al Llobregat.
Ya no podiamos hacer las clases en la montaña, ni vivir pequeñas aventuras en el bosque más cercano al pueblo, pero ganamos a nuevos vecinos.
Pero todo ello parece lo más normal desde la lógica del crecimiento eterno. No soy un radical, pero ¿de verdad creemos que podemos crecer de forma ilimitada? No hablo únicamente del respeto por el medio ambiente, también hablo de recuerdos, incluso de tradiciones, de formas más austeras y consecuentes de vivir con nuestro entorno (natural, demográfico, económico).
¿Nos conviene seguir con las edificaciones en islas alejadas de los centros urbanos y construir accesos que dañan mucha superficie? Nos conviene destinar recursos multiplicados para mantener el alumbrado público interminable, la seguridad policial de tipo extensivo, el riesgo de incendios forestales, hacer llegar los servicios de telefonía, agua corriente, etc? Teniendo en cuenta además que es un tipo de viviendas que da poca densidad (menos personas que pagan impuestos, aunque estos sean más altos) para una cantidad de servicios a prestar que son claramente deficitarios.
Eso desde un punto de vista más racional. Pero, pensando en los tejidos sociales, ¿nos interesa crear barrios dormitorio? ¿queremos sitios de paso?. Envidio los municipios que tejen un fuerte nexo entre todos sus habitantes. Mediante el deporte, las escuelas de música, pintura y mil cosas más. Mediante asociaciones activas, de carácter civil y político, con empresarios y empresas con una buena implantación local, con un comercio fuerte y dinámico. Eso no se consigue con campañas informativas ni con miradas a corto plazo. Se hace con la implicación de todos.
¿Un municipio con una superficie de 8 kilómetros cuadrados, como Pallejà, se puede permitir el lujo de crecer de forma extensiva? ¿Los programas electorales de las fuerzas politicas deben asemejarse cada vez más a un simple plan de obras, o por el contrario, en estrategias y proyectos de cohesión? Soy consciente de la imposibilidad de cambiar un modelo con la pequeñez que representa un pueblo de 11.000 personas; pero siempre quedan cosas por pensar, decir y, si se puede, hacer. Ser consciente de ello es un primer paso.
Hace más de una década con todos mis compañeros de la escuela ibamos, a veces, a hacer Educación Física en el bosque que rodeaba el colegio. El "Bosc de la Torroja", en poco tiempo se urbanizó con bloques de pisos y casas de tipo unifamiliar. Estas edificaciones me parecen bastante coherentes. Se hicieron siguiendo el entramado urbano y sin construir una zona aislada para la que serian necesarios accesos que dañarian más la zona boscosa. En este caso parece justificado decir que fueron unas obras lógicas; el pueblo crecía en población, una especie de crecimiento natural. Algo parecido puede afirmarse de las obras en el ensanche más cercano al Llobregat.
Ya no podiamos hacer las clases en la montaña, ni vivir pequeñas aventuras en el bosque más cercano al pueblo, pero ganamos a nuevos vecinos.
Pero todo ello parece lo más normal desde la lógica del crecimiento eterno. No soy un radical, pero ¿de verdad creemos que podemos crecer de forma ilimitada? No hablo únicamente del respeto por el medio ambiente, también hablo de recuerdos, incluso de tradiciones, de formas más austeras y consecuentes de vivir con nuestro entorno (natural, demográfico, económico).
¿Nos conviene seguir con las edificaciones en islas alejadas de los centros urbanos y construir accesos que dañan mucha superficie? Nos conviene destinar recursos multiplicados para mantener el alumbrado público interminable, la seguridad policial de tipo extensivo, el riesgo de incendios forestales, hacer llegar los servicios de telefonía, agua corriente, etc? Teniendo en cuenta además que es un tipo de viviendas que da poca densidad (menos personas que pagan impuestos, aunque estos sean más altos) para una cantidad de servicios a prestar que son claramente deficitarios.
Eso desde un punto de vista más racional. Pero, pensando en los tejidos sociales, ¿nos interesa crear barrios dormitorio? ¿queremos sitios de paso?. Envidio los municipios que tejen un fuerte nexo entre todos sus habitantes. Mediante el deporte, las escuelas de música, pintura y mil cosas más. Mediante asociaciones activas, de carácter civil y político, con empresarios y empresas con una buena implantación local, con un comercio fuerte y dinámico. Eso no se consigue con campañas informativas ni con miradas a corto plazo. Se hace con la implicación de todos.
¿Un municipio con una superficie de 8 kilómetros cuadrados, como Pallejà, se puede permitir el lujo de crecer de forma extensiva? ¿Los programas electorales de las fuerzas politicas deben asemejarse cada vez más a un simple plan de obras, o por el contrario, en estrategias y proyectos de cohesión? Soy consciente de la imposibilidad de cambiar un modelo con la pequeñez que representa un pueblo de 11.000 personas; pero siempre quedan cosas por pensar, decir y, si se puede, hacer. Ser consciente de ello es un primer paso.
sábado, 11 de septiembre de 2010
De sus costumbres - EEUU
Sentado en una terraza de Gràcia, finales de Mayo, un amigo norteamericano y su hermano me contaban que en su Estado no podian "salir de discoteca" hasta los 21 años, pero conducian coches desde los 16. Les pregunté sobre esa incoherencia y, extrañados, supieron darme unas razones que veo lógicas.
El sistema económico norteamericano necesita del coche. Es una sociedad que se mueve fundamentalmente con petroleo, dónde la industria de fabricación de coches es muy importante; sin olvidar que los Estados Unidos son un gran país en extensión y con una población poco densa (excepto en las ciudades) que suele vivir en nucleos dispersos - de ahí el gusto por la auto-protección con armas domésticas-. El coche se hace insustituible.
Pero, ¿Por qué no pueden salir de marcha hasta que no cumplen los 21 años? Si pueden conducir... pensamos al instante. Los chicos, de un pueblo muy pequeño del Estado de Nueva York, me explicaron que el orden que requiere el sistema americano implica que, en la época más dura para un estudiante, llevar una vida nocturna no sería nada bueno. Quizá sea una visión demasiado radical del orden pero tiene algo de verdad. Aunque pensé, también mientras me lo contaban, que estaba asistiendo a una de las típicas exageraciones en las que se cae cuando se habla del propio país y de sus costumbres.
Yo no quise explicarle lo que hacemos en España. No hubiera sabido qué explicarle.
El sistema económico norteamericano necesita del coche. Es una sociedad que se mueve fundamentalmente con petroleo, dónde la industria de fabricación de coches es muy importante; sin olvidar que los Estados Unidos son un gran país en extensión y con una población poco densa (excepto en las ciudades) que suele vivir en nucleos dispersos - de ahí el gusto por la auto-protección con armas domésticas-. El coche se hace insustituible.
Pero, ¿Por qué no pueden salir de marcha hasta que no cumplen los 21 años? Si pueden conducir... pensamos al instante. Los chicos, de un pueblo muy pequeño del Estado de Nueva York, me explicaron que el orden que requiere el sistema americano implica que, en la época más dura para un estudiante, llevar una vida nocturna no sería nada bueno. Quizá sea una visión demasiado radical del orden pero tiene algo de verdad. Aunque pensé, también mientras me lo contaban, que estaba asistiendo a una de las típicas exageraciones en las que se cae cuando se habla del propio país y de sus costumbres.
Yo no quise explicarle lo que hacemos en España. No hubiera sabido qué explicarle.
domingo, 29 de agosto de 2010
Zitronen Bonbon fruchtig, o unos chicles alemanes.
No estaba seguro, jamás había conocido a un alemán. Una cita a ciegas no era el mejor primer paso para ello, pero arriesgué. Quedamos por teléfono para vernos a las cuatro de la tarde en las Ramblas. El día anterior nos pusimos de acuerdo con un inglés precario; la ruta sería por los sitios menos transitados de la ciudad, aquéllos que hubieran marcado algún momento mi vida o en los que me gustara ir sin más.
La primera impresión fué buena y aquéllo que pensé en el tren (dar media vuelta y escapar por el Paseo de Gràcia) no fué necesario. Nos saludamos y pronto noté una complicidad extraña. Le dijé que buscabamos una pequeña plaza: Sant Felip Neri. Me preguntó la razón de esa elección y medité unos segundos la respuesta. No supe decirle algo coherente.
Justo antes de llegar a la Plaça de Sant Jaume, giramos por una calle estrecha y tras pasar por un callejón llegamos a la plaza. Una fuente con un pequeño estanque en el centro de la plaza y una pequeña iglesia dan un carácter viejo y olvidado al lugar. Le indiqué que nos sentaramos al borde del pequeño estanque y qué no hiciera fotografias, le expliqué que siempre es mejor guardar el recuerdo - aunque sea distorsionado - de aquéllo que has vivido. La contempló y volvió a preguntarme sobre la elección. Ahora podía explicarle que allí tomé las tres decisiones más importantes del mi último año. Solo o bien acompañado, de la tranquilidad de aquel espacio salieron errores y aciertos que aun me siguen marcando. Me dijo que el tenía un sitio especial en su ciudad y que algún día me llevaría con él. La tarde estaba siendo de provecho.
Quise cambiar, de repente, la sensación de encierro de Sant Felip Neri y lo llevé al Palau de Montjuic. Nunca me ocurrió nada especial allí, pero gracias al mirador podría ver desde el aire aquéllo que quisiera mostrarle. Le señalé el barrio del Raval, la Plaça Catalunya, la Plaça España, el Barrio de Sants... Y el alemán comprendió que lo estaba utilizando para explicar a alguien ajeno lo que rondaba por mi cabeza. Me sonrió y me dió el abrazo más reconfortante que había recibido en semanas.
Acabamos en una cafetería llena de encanto, Caellum, por el centro. Nos pedimos dos orchatas y quiso que escribiera algo en una especie de libreta de viaje. Despues, me dijo que le hubiera gustado regalarme algo, y tras unos segundos, sacó un paquetito de su mochila. Era un paquete de chicles. Me explicó que eran los únicos que podian encontrarse en la Alemania del Este, durante la época comunista. Me dijo que no los abriera hasta pasado un tiempo y que cuando lo hiciera entendería el porqué. Nos despedimos con un abrazo para, seguramente, no vernos nunca más.
El cigarro durante la pausa del curso de francés era obligado. Pero no me sentó bien y me dejó un gusto extraño en la boca. Entonces recordé que tenía el paquete de chicles en la mochila. Lo abrí, como el que abre una carta especial sin querer romperla, y los probé. Era un limón dulce. Pensé - nada especial-
Hoy, buscando unos papeles, encontré el paquete vacío de chicles. ¡El olor a limón era tan fuerte! Dos meses despues entendí que quiso regalarme un recuerdo mucho más duradero que cualquier otro detalle. Estoy seguro que volveremos a vernos para devolverle el abrazo.
La primera impresión fué buena y aquéllo que pensé en el tren (dar media vuelta y escapar por el Paseo de Gràcia) no fué necesario. Nos saludamos y pronto noté una complicidad extraña. Le dijé que buscabamos una pequeña plaza: Sant Felip Neri. Me preguntó la razón de esa elección y medité unos segundos la respuesta. No supe decirle algo coherente.
Justo antes de llegar a la Plaça de Sant Jaume, giramos por una calle estrecha y tras pasar por un callejón llegamos a la plaza. Una fuente con un pequeño estanque en el centro de la plaza y una pequeña iglesia dan un carácter viejo y olvidado al lugar. Le indiqué que nos sentaramos al borde del pequeño estanque y qué no hiciera fotografias, le expliqué que siempre es mejor guardar el recuerdo - aunque sea distorsionado - de aquéllo que has vivido. La contempló y volvió a preguntarme sobre la elección. Ahora podía explicarle que allí tomé las tres decisiones más importantes del mi último año. Solo o bien acompañado, de la tranquilidad de aquel espacio salieron errores y aciertos que aun me siguen marcando. Me dijo que el tenía un sitio especial en su ciudad y que algún día me llevaría con él. La tarde estaba siendo de provecho.
Quise cambiar, de repente, la sensación de encierro de Sant Felip Neri y lo llevé al Palau de Montjuic. Nunca me ocurrió nada especial allí, pero gracias al mirador podría ver desde el aire aquéllo que quisiera mostrarle. Le señalé el barrio del Raval, la Plaça Catalunya, la Plaça España, el Barrio de Sants... Y el alemán comprendió que lo estaba utilizando para explicar a alguien ajeno lo que rondaba por mi cabeza. Me sonrió y me dió el abrazo más reconfortante que había recibido en semanas.
Acabamos en una cafetería llena de encanto, Caellum, por el centro. Nos pedimos dos orchatas y quiso que escribiera algo en una especie de libreta de viaje. Despues, me dijo que le hubiera gustado regalarme algo, y tras unos segundos, sacó un paquetito de su mochila. Era un paquete de chicles. Me explicó que eran los únicos que podian encontrarse en la Alemania del Este, durante la época comunista. Me dijo que no los abriera hasta pasado un tiempo y que cuando lo hiciera entendería el porqué. Nos despedimos con un abrazo para, seguramente, no vernos nunca más.
El cigarro durante la pausa del curso de francés era obligado. Pero no me sentó bien y me dejó un gusto extraño en la boca. Entonces recordé que tenía el paquete de chicles en la mochila. Lo abrí, como el que abre una carta especial sin querer romperla, y los probé. Era un limón dulce. Pensé - nada especial-
Hoy, buscando unos papeles, encontré el paquete vacío de chicles. ¡El olor a limón era tan fuerte! Dos meses despues entendí que quiso regalarme un recuerdo mucho más duradero que cualquier otro detalle. Estoy seguro que volveremos a vernos para devolverle el abrazo.
miércoles, 25 de agosto de 2010
¿Enero? No, verano.
Otro verano más. No dura tres meses, el verano empieza en Enero cuando, cansados del frío, muchos deseamos que llegue el buen tiempo. Con la primavera, no soportamos esos anticipos de dias calurosos, pero tampoco echamos de menos los abrigos que de vez en cuando tenemos que volver a sacar del armario. Todos clamamos por la estabilidad del verano, por la camiseta corta y la bermuda; por la playa y el bañador; por las terrazas y la compañía de los mejores amigos; por los viajes y las aventuras; por las locuras y los instantes más intimos; por aquélla gente especial que conoces y que desconocerás cuando llegue el otoño; ¡Por tantas cosas!
Pero al fin, cuando disfrutamos del ansiado periodo estival, se asoman las primeras quejas, los lametos por el bochorno, por algunos planes fustrados, por el aburrimiento o por la gran cantidad de planes por hacer. Y todos nos volvemos algo melancólicos cuando vemos que se acerca el mes de Septiembre. Con él, para muchos, vuelven las obligaciones. Los dias empiezan a ser más cortos y, como si el verano no fuera a regresar jamás, intentamos hacer todo aquéllo que nos queda pendiente
Creo que mi verano cumple con todo lo que antes he escrito. El verano suele ser la época en la que "todo mejorará, todo debe mejorar". Dejo atrás el invierno, afortunadamente, y cuando llega la primavera proyecto el mes de Julio y Agosto. ¿El resultado? Aun es pronto, apuraré los últimos dias de Agosto y los primeros de Septiembre, y despues, con la melancolía que me dará volver a ponerme manga larga y pantalones, pensaré en mi verano.
Valoraré si ha valido la pena, creo que sí, malgastar todas las mañanas del mes de Julio en aprender un nuevo idioma. Si la huída hacia adelante, ir a Londres el mes de Agosto, dió el resultado que debía dar. Si las reflexiones cruzando el London Bridge con dos pintas de cerveza de más han sido las suficientes. Y si el verano me ha dado las fuerzas necesarias para encarar la nueva rueda que me llevará a querer disfrutar del siguiente.
Pero al fin, cuando disfrutamos del ansiado periodo estival, se asoman las primeras quejas, los lametos por el bochorno, por algunos planes fustrados, por el aburrimiento o por la gran cantidad de planes por hacer. Y todos nos volvemos algo melancólicos cuando vemos que se acerca el mes de Septiembre. Con él, para muchos, vuelven las obligaciones. Los dias empiezan a ser más cortos y, como si el verano no fuera a regresar jamás, intentamos hacer todo aquéllo que nos queda pendiente
Creo que mi verano cumple con todo lo que antes he escrito. El verano suele ser la época en la que "todo mejorará, todo debe mejorar". Dejo atrás el invierno, afortunadamente, y cuando llega la primavera proyecto el mes de Julio y Agosto. ¿El resultado? Aun es pronto, apuraré los últimos dias de Agosto y los primeros de Septiembre, y despues, con la melancolía que me dará volver a ponerme manga larga y pantalones, pensaré en mi verano.
Valoraré si ha valido la pena, creo que sí, malgastar todas las mañanas del mes de Julio en aprender un nuevo idioma. Si la huída hacia adelante, ir a Londres el mes de Agosto, dió el resultado que debía dar. Si las reflexiones cruzando el London Bridge con dos pintas de cerveza de más han sido las suficientes. Y si el verano me ha dado las fuerzas necesarias para encarar la nueva rueda que me llevará a querer disfrutar del siguiente.
miércoles, 21 de julio de 2010
Los pendientes.
- Oye, el 24 de Julio es mi cumpleaños. Cumplo 50 años. ¿Sabes? Me encantaría tener unos pendientes que fueran parecidos a este anillo. Me lo regaló mi madre, tu abuela.
Yo sabía que mi madre intentaba hacerme saber que quería ese regalo para su cumpleaños. Lo capté rápido. Pensé en qué momento podría escaparme para ir a una joyería e intentar dar con unos pendientes tan peculiares. Una perla mediana rodeada de dos pequeños puntitos de algo más brillante; todo en una espécie de esfera poco perfecta hecha de oro. Los encontraría.
Pero los pendientes, aquéllo que me había pedido disimuladamente mi madre, me hicieron pensar en una cadenita de oro que me regaló mi familía cuando tenía 9 años. ¿Dónde la habría guardado? ¿Por qué soy tan despistado?. Revolví cajones, desordené camisetas, camisas, pantalones e incluso cajas de calzado; nada. La cadenita estaba en una copa que mi padre ganó cuando hacía maratones, su época de atleta. Allí estaba, muy limpia.
Pero lo más soprendente llegó cuando al ver lo que había en ella escrito, pude leer la fecha de hoy 13 años atrás. De suponer, que ahora luzco la cadena. Creo que no la perderé jamás de vista; aunque quién sabe si en mi cuello o en alguna otra copa de mi padre.
Yo sabía que mi madre intentaba hacerme saber que quería ese regalo para su cumpleaños. Lo capté rápido. Pensé en qué momento podría escaparme para ir a una joyería e intentar dar con unos pendientes tan peculiares. Una perla mediana rodeada de dos pequeños puntitos de algo más brillante; todo en una espécie de esfera poco perfecta hecha de oro. Los encontraría.
Pero los pendientes, aquéllo que me había pedido disimuladamente mi madre, me hicieron pensar en una cadenita de oro que me regaló mi familía cuando tenía 9 años. ¿Dónde la habría guardado? ¿Por qué soy tan despistado?. Revolví cajones, desordené camisetas, camisas, pantalones e incluso cajas de calzado; nada. La cadenita estaba en una copa que mi padre ganó cuando hacía maratones, su época de atleta. Allí estaba, muy limpia.
Pero lo más soprendente llegó cuando al ver lo que había en ella escrito, pude leer la fecha de hoy 13 años atrás. De suponer, que ahora luzco la cadena. Creo que no la perderé jamás de vista; aunque quién sabe si en mi cuello o en alguna otra copa de mi padre.
miércoles, 7 de julio de 2010
En ese rodeo
Hace calor, ¡mucha calor! Además, coches voltean por Pallejà animando (pitando y vitoreando) a la selección, si gana España quemarán las útlimas reservas de la nit de Sant Joan. Y estoy algo triste. Me gustaría poder llamar por teléfono a personas que no estan ahora en Barcelona, hablar con ellas y olvidarme un rato de las preocupaciones. Llevo tiempo pensando en que he tirado un año por la borda. He conocido a gente, he vivido demasiadas experiencias (alguna de ellas pseudo-traumatica), compensadas por momentos y personas nuevas que merecen la pena.
Ya avisé, no soy capaz de resumir cuando quiero explicar algo y tengo mis momentos de ego personal en los que me apetece explicarme al mundo. Doy mil vueltas, intento disimular lo que quiero decir, hasta que en una de las piruetas doy con lo que quiero decir. Esta vez tampoco haré el esfuerzo, ¡quizá sea mi manera de contar las cosas!
Os decía, me apetece estar con gente a la que ahora no puedo ver. Evadirme y contarles mis preocupaciones. Ellos saben cuáles son. Lo saben bien. He dejado de ser responsable con los estudios; he actuado de forma impulsiva, con subidas y bajadas, no me reconozco. Me cuesta romper con eso, es más, aun no lo he hecho. He roto con las constancia que me aseguraba acabar la carrera a tiempo, he derrochado dinero, tiempo y energias; y lo peor, mucho ánimo.
Llevo semanas apático, sin motivación. Supongo que, como cualquiera, intento buscar culpables hasta que en ese rodeo sólo encuentro errores propios. La mala suerte, la casualidad... también han debido jugar su papel.
Es lo que me cuesta sostener, no saber qué hacer.
Ya avisé, no soy capaz de resumir cuando quiero explicar algo y tengo mis momentos de ego personal en los que me apetece explicarme al mundo. Doy mil vueltas, intento disimular lo que quiero decir, hasta que en una de las piruetas doy con lo que quiero decir. Esta vez tampoco haré el esfuerzo, ¡quizá sea mi manera de contar las cosas!
Os decía, me apetece estar con gente a la que ahora no puedo ver. Evadirme y contarles mis preocupaciones. Ellos saben cuáles son. Lo saben bien. He dejado de ser responsable con los estudios; he actuado de forma impulsiva, con subidas y bajadas, no me reconozco. Me cuesta romper con eso, es más, aun no lo he hecho. He roto con las constancia que me aseguraba acabar la carrera a tiempo, he derrochado dinero, tiempo y energias; y lo peor, mucho ánimo.
Llevo semanas apático, sin motivación. Supongo que, como cualquiera, intento buscar culpables hasta que en ese rodeo sólo encuentro errores propios. La mala suerte, la casualidad... también han debido jugar su papel.
Es lo que me cuesta sostener, no saber qué hacer.
sábado, 19 de junio de 2010
Coste de oportunidad
¿Cuál es el momento adecuado? Seguro que os lo habéis preguntado muchas veces. ¿Cuando cerrar un capítulo para intentar abrir otro? ¿Qué consecuencias conlleva? Qué valorar, ¿Lo malo que dejas atrás o lo incierto que se presenta en una nueva etapa?
En las decisiones descansan, e incluso pueden llegar a producir algun rendimiento, el fruto de nuestro trabajo, el cansancio, las preocupaciones, las discusiones con las personas que más queremos y las palabras altivas con aquéllos que no comparten nuestros objetivos. Está la postura conservadora: ¿cómo renunciar?. Por el contrario, está la que innova, la que se enfrenta a un futuro sin escribir. Siempre acabas por decidirte por el más seguro y cómodo, pero el riesgo es tentador. ¡Maldito coste de oportunidad!
En las decisiones descansan, e incluso pueden llegar a producir algun rendimiento, el fruto de nuestro trabajo, el cansancio, las preocupaciones, las discusiones con las personas que más queremos y las palabras altivas con aquéllos que no comparten nuestros objetivos. Está la postura conservadora: ¿cómo renunciar?. Por el contrario, está la que innova, la que se enfrenta a un futuro sin escribir. Siempre acabas por decidirte por el más seguro y cómodo, pero el riesgo es tentador. ¡Maldito coste de oportunidad!
sábado, 22 de mayo de 2010
El esfuerzo; la conllevancia
Hace unos dias leí un artículo de opinión en La Vanguardia de Susana Cuadrado dónde indicaba la importancia que tiene en la configuración de la personalidad del individuo la proyección que de ésta quieran hacer tu familia, en especial, tus padres y parientes más cercanos.
Leer el artículo me hizo recordar la utilidad de tener claro que, a veces, naturalizamos lo que no es más que algo cultural. Me explico, damos carta de biológico a construcciones culturales o tradiciones que entre todos y a lo largo del tiempo hemos ido afianzando. Estas costumbres, con sus beneficios y sus desventajas, marcan al individuo en su crecimiento personal. Muchas de ellas le ayudan a forjarse unos valores que lo guían; otras, cuando no coinciden con su naturaleza más íntima son lastres casi insalvables.
No se puede entrar en la lucha inútil de culpabilizar a los progenitores de lo que intentan hacer con sus hijos. No los podemos separar de la sociedad, como elementos que deciden solamente por si mismos, como educar a sus hijos. Forman parte de la rueda, la afianzan pero a su vez son victimas de ella.
Nada apoteósico o necesariamente negativo. La urgencia de separar y clasificar las cosas nos define. Conductas femeninas o masculinas, bondad y maldad. Quizá sea una manera de poner orden a las conductas humanas. Una "constitución de lo moral". Pero esta conllevancia con lo que nosotros mismos nos hemos impuesto requiere de un esfuerzo que tranquiliza la consciencia.
Hace algunos años, escuchando a un profesor que ha marcado parte de mi pensamiento, llegué a la conclusión de que la conllevancia entre la personalidad más íntima y el ambiente que te rodea es un esfuerzo brutal. Un descubrimiento progresivo que casi nunca logras acabar.
Leer el artículo me hizo recordar la utilidad de tener claro que, a veces, naturalizamos lo que no es más que algo cultural. Me explico, damos carta de biológico a construcciones culturales o tradiciones que entre todos y a lo largo del tiempo hemos ido afianzando. Estas costumbres, con sus beneficios y sus desventajas, marcan al individuo en su crecimiento personal. Muchas de ellas le ayudan a forjarse unos valores que lo guían; otras, cuando no coinciden con su naturaleza más íntima son lastres casi insalvables.
No se puede entrar en la lucha inútil de culpabilizar a los progenitores de lo que intentan hacer con sus hijos. No los podemos separar de la sociedad, como elementos que deciden solamente por si mismos, como educar a sus hijos. Forman parte de la rueda, la afianzan pero a su vez son victimas de ella.
Nada apoteósico o necesariamente negativo. La urgencia de separar y clasificar las cosas nos define. Conductas femeninas o masculinas, bondad y maldad. Quizá sea una manera de poner orden a las conductas humanas. Una "constitución de lo moral". Pero esta conllevancia con lo que nosotros mismos nos hemos impuesto requiere de un esfuerzo que tranquiliza la consciencia.
Hace algunos años, escuchando a un profesor que ha marcado parte de mi pensamiento, llegué a la conclusión de que la conllevancia entre la personalidad más íntima y el ambiente que te rodea es un esfuerzo brutal. Un descubrimiento progresivo que casi nunca logras acabar.
sábado, 1 de mayo de 2010
Conversación de balcón
Como si fuera un test de alguna revista de lectura rápida:
- Defínete con cinco palabras, cinco adjetivos que hablen de lo que tú eres y de lo que proyectas a los demás. Mejor, que quieres contarme hoy de tí.
Estaban en un pequeño local, desde su posición podian ver una rambla llena de jaleo, llena de vidas. Sentados frente a frente, jugando con sus manos y tras una larga conversación surgió esa proposición.
- ¿Cinco palabras? Imposible. Aun no te conozco lo suficiente como para resumir lo que te quiero decir en tan pocas palabras. Aun pienso lo que quiero decirte cada vez que hablamos.
- Eres honesto.
- Quizá no sea eso, nunca tengo la seguridad de transmitir lo que de verdad quiero decir.
- Ahora lo estás haciendo.
- Quizá.
- Dime entonces lo que quieras de ti, sobre ti.
- Sí, siempre he pensado algo tal que así: Soy cambiante, pero me gusta identificarme con dos o tres valores, siempre los mismos, personales, con los que vuelvo siempre a casa. Son los que me identifican.
Se miran, alargan los brazos y se acarician.
- ¿Estás haciendo lo que te apetece?
Gira la cabeza y ve pasar a decenas de personas, con ritmos dispares. Vuelve a encontrar la mirada, la misma de antes. Acaba de borrar un recuerdo para generar otro.
- Defínete con cinco palabras, cinco adjetivos que hablen de lo que tú eres y de lo que proyectas a los demás. Mejor, que quieres contarme hoy de tí.
Estaban en un pequeño local, desde su posición podian ver una rambla llena de jaleo, llena de vidas. Sentados frente a frente, jugando con sus manos y tras una larga conversación surgió esa proposición.
- ¿Cinco palabras? Imposible. Aun no te conozco lo suficiente como para resumir lo que te quiero decir en tan pocas palabras. Aun pienso lo que quiero decirte cada vez que hablamos.
- Eres honesto.
- Quizá no sea eso, nunca tengo la seguridad de transmitir lo que de verdad quiero decir.
- Ahora lo estás haciendo.
- Quizá.
- Dime entonces lo que quieras de ti, sobre ti.
- Sí, siempre he pensado algo tal que así: Soy cambiante, pero me gusta identificarme con dos o tres valores, siempre los mismos, personales, con los que vuelvo siempre a casa. Son los que me identifican.
Se miran, alargan los brazos y se acarician.
- ¿Estás haciendo lo que te apetece?
Gira la cabeza y ve pasar a decenas de personas, con ritmos dispares. Vuelve a encontrar la mirada, la misma de antes. Acaba de borrar un recuerdo para generar otro.
jueves, 22 de abril de 2010
Entre el debo y el quiero
De pronto nos levantamos con el método que resuelve todas las dudas, los pesares y las cargas que llevamos a cuestas. Nos vamos a dormir para madurar, entre las sábanas y la intimidad, la solución a todos los problemas que crees tener. Pero un recuerdo es capaz de borrarlo todo. Es la lucha entre el debo y el quiero. Entre lo que conviene y lo que deseas.
Y las casualidades, que pocas veces son tal, son en gran parte las responsables de la confusión. De las casualidades parten recuerdos, momentos e incluso instantes que guardas en la memoria y que distorsionan lo que de verdad sucede a tu alrededor. De la reflexión velada nace una escapatoria para no afrontar los acontecimientos tal y como se presentan.
Yo he decidido seguir en el equilibrio del deber y el querer. Un equilibrio que no te garantiza una tranquilidad plácida; pero con él sigues dependiendo de las casualidades. De esos momentos, emocionantes e inesperados, que recuerdas una y otra vez cuando algo va mal.
Pero la elección no es libre. Nunca lo es. Hay algo, y alguien lo sabría explicar, que hace que te decantes por un recuerdo concreto. Quizá me aproxime a saber qué es, pero no quiera pensarlo, no deba.
Mañana seguiré con la lucha entre el debo y el quiero. Hasta que alguna casualidad se cruce por el camino y me haga olvidar lo que ya se ha convertido en un recuerdo. Lo veis, sigo marcado por una casualidad cada vez más lejana.
Y las casualidades, que pocas veces son tal, son en gran parte las responsables de la confusión. De las casualidades parten recuerdos, momentos e incluso instantes que guardas en la memoria y que distorsionan lo que de verdad sucede a tu alrededor. De la reflexión velada nace una escapatoria para no afrontar los acontecimientos tal y como se presentan.
Yo he decidido seguir en el equilibrio del deber y el querer. Un equilibrio que no te garantiza una tranquilidad plácida; pero con él sigues dependiendo de las casualidades. De esos momentos, emocionantes e inesperados, que recuerdas una y otra vez cuando algo va mal.
Pero la elección no es libre. Nunca lo es. Hay algo, y alguien lo sabría explicar, que hace que te decantes por un recuerdo concreto. Quizá me aproxime a saber qué es, pero no quiera pensarlo, no deba.
Mañana seguiré con la lucha entre el debo y el quiero. Hasta que alguna casualidad se cruce por el camino y me haga olvidar lo que ya se ha convertido en un recuerdo. Lo veis, sigo marcado por una casualidad cada vez más lejana.
lunes, 12 de abril de 2010
La claridad de la primavera
Giró la cabeza, el balón le daría con tanta fuerza que se quedaría inconsciente, quizá al despertar no recordaría nada de lo que le había pasado en las pasadas semanas. Pero gozó del segundo que el tiempo siempre nos concede antes de que nos ocurra algo importante.
Paseaba, tranquilo, en una avenida jovial pero asentada en una arboleda dispuesta a abrir el pavimento demostrando que la fuerza del impulso es difícil de controlar. De manera paciente observaba todo lo que le rodeaba, con la mirada del que no da más. Los rayos del sol, los de mediados de Abril, los que más calientan al quitar el frío del largo invierno, creaban el ambiente perfecto. Y quiso autoevaluarse. Quiso, digamos, abstraerse de todo aquéllo que había aprendido durante su vida y recorrer, sin prejuicios, los dias que más le atormentaban.
Al fin, el tormento se torno en vitalidad. La claridad de la primavera, la fiesta de la vida ganó la partida. El balón se desvió y chocÓ contra la rama de un árbol. Éste siguió en pie, pronto, con la nueva primavera, recuperaría su rama. Para él, el verano, será una mirada cargada de valentía.
Paseaba, tranquilo, en una avenida jovial pero asentada en una arboleda dispuesta a abrir el pavimento demostrando que la fuerza del impulso es difícil de controlar. De manera paciente observaba todo lo que le rodeaba, con la mirada del que no da más. Los rayos del sol, los de mediados de Abril, los que más calientan al quitar el frío del largo invierno, creaban el ambiente perfecto. Y quiso autoevaluarse. Quiso, digamos, abstraerse de todo aquéllo que había aprendido durante su vida y recorrer, sin prejuicios, los dias que más le atormentaban.
Al fin, el tormento se torno en vitalidad. La claridad de la primavera, la fiesta de la vida ganó la partida. El balón se desvió y chocÓ contra la rama de un árbol. Éste siguió en pie, pronto, con la nueva primavera, recuperaría su rama. Para él, el verano, será una mirada cargada de valentía.
jueves, 25 de marzo de 2010
¿Y quién defiende a las lagartijas?
Telmo, Gonzalo! Bajad de ahí, ¡es peligroso!. - ¡Pero queremos coger las lagartijas! - ¿Pero no veis que os podéis caer? - No, queremos cogerlas. - ¡Va! Sentaos un rato aquí y luego vais a jugar. - ¡No! Si hombre, ¡No quiero! - Ei! Aquí va, tranquilizaos.
- Alberto, ¿y qué es un abogado, eso que tú estudias?
- Telmo, un abogado, como te explico... es una persona que defiende a alguien cuando dicen que ha hecho algo malo. Como cuando Ainhoa viene y me dice... ¿por qué está castigado el Telmo, si el no le ha dado con la pala al Jon?. ¿Entiendes?
- Pero, si le he dado, si he sido malo, ¿por qué me defienden?
- mmm, No es fácil de explicar, pero siempre tienes que tener a alguien que te ayude para poder defenderte, aunque hayas hecho algo mal, alguien que no tenga nada que ver, y así explicar las cosas, lo qué ha pasado, tal y como tú lo piensas.
- Pero, no lo entiendo, los malos tendrian que estar en la cárcel, yo quiero ser Policía para que no roben y meterlos en la cárcel
- Sí, Telmo...
Gonzalo: - Pues yo quiero coger las lagartijas del patio, de aquél muro.
- No, Gonzalo, no podeis subir a ese muro, sabes que está prohibido, que no os dejan.
- Ya, pero yo las quiero, quiero cortarles la cola.
- ¡Gonzalo!
Telmo: - Alberto, y eso que tu dices, los abogados, no defenderian a las lagartijas, ¿o solo al Gonzalo?
- También a las lagartijas.
- Qué royo, por qué se pelean, si el malo sería el Gonzalo. Aunque él quiere ver las lagartijas, yo también.
- Alberto, ¿y qué es un abogado, eso que tú estudias?
- Telmo, un abogado, como te explico... es una persona que defiende a alguien cuando dicen que ha hecho algo malo. Como cuando Ainhoa viene y me dice... ¿por qué está castigado el Telmo, si el no le ha dado con la pala al Jon?. ¿Entiendes?
- Pero, si le he dado, si he sido malo, ¿por qué me defienden?
- mmm, No es fácil de explicar, pero siempre tienes que tener a alguien que te ayude para poder defenderte, aunque hayas hecho algo mal, alguien que no tenga nada que ver, y así explicar las cosas, lo qué ha pasado, tal y como tú lo piensas.
- Pero, no lo entiendo, los malos tendrian que estar en la cárcel, yo quiero ser Policía para que no roben y meterlos en la cárcel
- Sí, Telmo...
Gonzalo: - Pues yo quiero coger las lagartijas del patio, de aquél muro.
- No, Gonzalo, no podeis subir a ese muro, sabes que está prohibido, que no os dejan.
- Ya, pero yo las quiero, quiero cortarles la cola.
- ¡Gonzalo!
Telmo: - Alberto, y eso que tu dices, los abogados, no defenderian a las lagartijas, ¿o solo al Gonzalo?
- También a las lagartijas.
- Qué royo, por qué se pelean, si el malo sería el Gonzalo. Aunque él quiere ver las lagartijas, yo también.
lunes, 22 de marzo de 2010
Suma
Hoy he decidido publicar este espacio. Todos nos parecemos más de lo que pensamos e intentamos satisfacer nuestro ego; las ganas de explicarnos ante los demás, de exponer nuestras inquietudes o vivencias, a menudo, gilipolleces que van ocurriendo en el día a día. A todo eso responde este blog. Sin más pretensión que la de llenar unos minutos de los dias, seguro que pocos, en los que tenga ganas de explicar algo para todo aquél que quiera leer.
Advierto, para el que tenga paciencia y dedique algo de su tiempo, que tiendo a magnificar las anécdotas, que jamás logro ser coherente y me cuesta explicar las cosas sin extenderme demasiado.
¡Hasta la vista!
Advierto, para el que tenga paciencia y dedique algo de su tiempo, que tiendo a magnificar las anécdotas, que jamás logro ser coherente y me cuesta explicar las cosas sin extenderme demasiado.
¡Hasta la vista!
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